martes, 21 de febrero de 2017

Memorias de Acceso Aleatorio


En el ámbito de los sistemas, existen distintos tipos de memorias. Podemos hablar de memorias "volátiles" que se utilizan en el corto plazo, memorias de procesamiento inmediato, como cuando hablando por teléfono y sin ninguna lapicera a mano, el operador de la compañía de cable nos dicta el número de trámite. Están las memorias de almacenamiento masivo, relacionadas con tipos de almacenamiento magnético que son más lentos que la memoria volátil, pero son de naturaleza más permanente. Es por eso que si pensamos un rato largo, podemos recordar, con algún que otro mínimo error (algún sector dañado del disco) en el orden o un faltante, la planilla de asistencia de la escuela secundaria.

Hasta ahí venimos fácil en la teoría, pero complicado en la práctica. Términos y definiciones que usé gran parte de mi vida, me resultaron difíciles de recordar. Me cuesta recordar cómo se llamaba la fracción del disco rígido que podía aparecer dañada (recuerdo sí que aparecía una D mayúscula marcándolo) cuando uno hacía una desfragmentación del disco rígido. Sé, y acepto de buena gana, que me resulta imposible retener cualquier información en el corto plazo. Si alguien me dijera su número telefónico, sería incapaz de reproducírselo adecuadamente como respuesta en la misma conversación.

Eso respecto a lo más convencional, lo informático. ¿Cómo se refleja en las personas? Debe haber cientos de miles de artículos que lo expliquen con mayor precisión y conocimiento empírico del que yo pueda expresar acá. Yo me voy a limitar a tratar de plasmar mi experiencia.

Empiezo por recordar fotos. Imágenes. Me acuerdo el patio de mi abuela, colores grises, macetas solitarias, peleadas entre sí y una rejilla en el centro, con algunas colillas de cigarrillos, en Valentín Alsina, quizás Lanús. Me acuerdo de las cortinas del living de Tapiales, naranjas y de un material poco amigable al tacto. Me acuerdo de la pizzería del hotel Oasis en Cancún. Recuerdo la caja de una calculadora científica que usaba en un negocio en Villa Devoto. Recuerdo a mi hermano vestido completamente de blanco en la fiesta de 15 de mi hermana. Sencillo.

Vamos a los videos. Me acuerdo del día que me corrió un doberman y me mordisqueó los tobillos. El video dura unos 12 segundos y arranca con un pibito flaquito, medio boludo que sale del edificio corriendo para ir a entrenar al club. Un doberman entre juguetón y asesino lo persigue, dándole fácil alcance. Le pega un mordiscón a la altura de un tobillo. Fin del video. A partir de ahí les puedo mostrar un archivo de texto que contiene todo el tramiterío: hacer revisar al perro, alegrarnos de que no tenía rabia, por lo que me evitaba 40 inyecciones (guardado en una carpeta de sólo lectura está el dato "40 inyecciones") y el cagazo de no correr más con perros a la vista por un par de meses. Otro video es mi viejo imitando a Jerry Lewis, mientras yo lo filmaba con una cámara casera JVC que pesaba mil kilos. En una carpeta oculta queda el hecho que la gracia del video residía en los dientes postizos que tenía (producto del accidente en moto en su juventud junto a la tía Gloria, que de tan viejo está guardado en un txt en un disquette de 5 y 1/4).

Con los sonidos se complica un poco. Ahí empiezo a usar el término "creo". Creo recordar la voz de mi madrina Estela, que me dice "Pablito" de una manera muy particular. Me parece recordar el tono guaraní de Modesto, el mozo de la confitería Dorrego. Creo tener guardado por ahí en un WMA cerebral, la voz de Sebastián Guanez, un compañero de la primaria, cuando me decía "melli" porque habíamos nacido el mismo día.

Todos esos archivos son medianamente maleables: Se pueden comprimir y juntar en un .RAR (o .ZIP los más antiguos) varios recuerdos juntos, como que les diga "me acuerdo cómo gritaba (sonido en mp3) mi amigo Diego el día que el pibito del equipo de remera verde (imagen en jpg) se quebró el brazo cuando cayó mal en un corner (en un video .avi). Todo eso lo guardo compactado en un solo archivo que le pongo el nombre "Tapialeslocas2341" y lo guardo en la carpeta "fútbol amateur", dentro del año 2010. Esa es otra cosa. Cuando se empieza a llenar todo con carpetas, empezás a crear subcarpetas. Primero, las carpetas son por meses. Después las juntás todas en el año. Y finalmente, cuando empieza la superpoblación, los guardás más o menos por décadas. “Y... habrá sido entre el 2000 y el 2003” piensa uno y recurre a asociar con otro archivo de la misma carpeta para intentar ubicarlos en la línea de tiempo. El accidente al que hago mención es de los primeros meses de 2010, porque era un amistoso y yo estaba como DT recuperándome de una fractura de peroné (esos archivos los tenés siempre a mano y bastante conocidos para incluirlos en declaraciones juradas de salud).

Ahí empieza la segunda parte del tema, que es la complicación entre tamaño y tiempo de guardado. No sólo juega el factor capacidad, sino también calidad. Podemos atesorar millones de recuerdos en disquettes de 3 y ½, pero eventualmente pierden el magnetismo y con ello, la información. Podemos utilizar preciosos discos externos para que una falla mecánica nos deje con lo poco que pueda extraer un software de recuperación. Es por eso que siempre queda latente la posibilidad de extraer aquellos que nos parecen importantes (o al menos eso pensamos) y llevarlos a través del tiempo por los diferentes formatos de guardado. El video original huyendo del doberman duraba 5 minutos, pero con el tiempo lo recorté a lo importante a fin de poder acumular tantos otros que fueron ocurriendo.

Claramente, en los pasajes se mezclan los archivos, se confunden las extensiones y se pierden las versiones originales. No puedo dar fe si ese día bajé por la escalera o el ascensor, o si tenía pantalón corto o largo. Es por eso que hoy en día no sé si recuerdo el momento original del primer cumpleaños de mi sobrina Julieta, sí lo que recuerdo es lo que vi en una reproducción de la filmación de aquel día, si es una idea que creé a partir de una fotografía que vi o si simplemente es una construcción edificada en base a la conjunción de montones de pequeñas informaciones sueltas (la cara de Julieta, la casa en la que vivían, el resto de mi familia y un clima acorde a Mayo). Eso es porque cuento con la ventaja de la actualización: Ver a Julieta me refuerza la imagen de la anarquía de sus rulos. Ver a mi hermana fortalece el recuerdo de ella llevando un plato con sandwiches de miga a la mesa. Entonces los archivos de la memoria quedan casi iguales, pero su última fecha de modificación cambia por la fecha de ayer.

Pero hay archivos que el sistema repele. Creo que es claramente porque son cosas que pesan mucho, y no por casualidad. Archivos incómodos, de formatos irreconocibles, difíciles de reproducir, complicados de transportar. Son los recuerdos de los que ya no están. No los puedo actualizar y de a poco, los sectores defectuosos de mi memoria se van comiendo los bytes de los recuerdos. Los archivos quedan rotos, dañados, incompletos. Porque me acuerdo el día en que mi tía Angélica me contó que las Frenchitas se hacían con nabo y no con papa, pero no puedo recordar cómo sonaba su voz mientras me lo decía. Porque me acuerdo perfectamente del ascensor del geriátrico de mi abuela Ana, allá en el centro, pero me resulta imposible acordarme el olor de sus manos cuando alegremente me revolvía el pelo y me acariciaba el brazo. Porque recuerdo con claridad a mi viejo y a mi hermano corriendo conmigo por la calle Pampa una tarde de invierno después de que Palito Molina (de quien recuerdo sobrenombre, apellido y rostro) se levantara por sobre todos los jugadores de Excursionistas y con un excelso cabezazo decretara el triunfo de Lugano 1 a 0, de visitante, y con ello, la furia de la parcialidad local... pero por más que intento e intento repetidas veces, no puedo revivir la sensación, mientras huíamos despavoridos por Belgrano R, de que esa felicidad sería eterna.