lunes, 11 de agosto de 2014

Quienes hacen el Blog: 2° integrante, Holden

Holden: Fernando según su DNI, es el soñador del grupo. Personaje melancólico adorador de la lluvia, basa sus relatos en ramificadas descripciones de sentimientos, ideas y pensamientos. Romántico, amoroso, sueña con ver un día nuevamente a Huracán campeón. Dicen que en sus años mozos jugaba mas o menos al futbol y vecinos cuentan que lo han oído tocar la guitarra, o quizás el piano. Pasa sus noches mirando películas europeas y realizando pinturas sin sentido, las cuales sueña que lo lleven a la fama post-mortem. Una característica: No entiende como funcionan las calculadoras.

Aquí lo vemos en su temprana infancia disfrutando de sus dos amores: Su madre y la comida.




domingo, 10 de agosto de 2014

Quienes hacen el Blog: 4° integrante, Pablo

Pablo: Socio capitalista del grupo. Es el único que trabaja. Durante el día presta sus servicios a un grupo multinacional y durante sus ratos libres financia grupos de escritura absurdos como este y otras agrupaciones revolucionarias, como “La Troska”, “Bulínowski” o “CAIN”. Fanático del Club Atlético River Plate y las pastas caseras. Firma las publicaciones y a cambio se queda solamente con el 95% de los ingresos del sitio. Cinco palabras que lo definen: Cartapacio, abejarruco, burdégano, bosquimano y cutre.

Aquí lo vemos en su temprana infancia, haciendo lobby en un evento social de los años ochenta:




Quienes hacen el Blog: 1° integrante, Rodia


Luego de una breve introducción y unos primeros posteos, hemos decidido pasar a la presentación de quienes hacemos Es verdad, era mentira. 

En primer lugar, Rodia.

Comunista de pura cepa, ser totalmente irascible aunque de gran corazón, al que se lo suele ver sacándose a tirones los pelos por las calles de Villa Crespo mientras recita partes de “El Capital” de Marx. Dueño de una literatura muy crítica, basa su discurso en la exposición de la ridiculez capitalista. Frontal y Directo. Jugador compulsivo, deja de lado su morral y sus ideales para tirar unos plenos en el flotante. Se lo conoce también como “Zurdo”, “Rojo” o “Bolche”. Frase favorita: “La resistencia será tan multinacional como sus capitales”

Aquí lo vemos en su temprana infancia, dándole la espalda a la TV como protesta ante los medios hegemónicos:



Viene llegando IV

Hace frío, por lo que vuelve a abrocharse el delantal. Nunca había notado que al final del otoño las hojas vuelan en círculo, arremolinadas y caen casi en el mismo lugar desde donde partieron. Tampoco había notado que los chicos de sexto se quedaban hasta más tarde. 

Mira hacia la esquina, pero no hay novedades. "Se atrasó en la concesionaria" piensa repitiendo esa palabra complicada que tanto escuchó estos últimos días. Hoy viene papá con el auto nuevo. Ya está llegando.

Es verdad, era mentira, también.

martes, 29 de julio de 2014

El pasaje de los muertos que siguen muertos

Ciertas historias, por ser en extremo alocadas, generan sensaciones distintas a la sorpresa o el asombro. Esta en particular, cuando me la contaron por primera vez, me causó una invasión de terror.

Parece ser que por ahí, entre Caballito y Parque Centenario, está el pasaje ese. Resulta que de repente, muere un hombre o una mujer. Se siente mal, tiene un accidente, se pasa de viejo. Entonces, los familiares, sádicos hijos de puta, hacen un ritual extrañísimo: Como primera medida, llaman a unos tipos que vienen vestidos de verde,  que llegan apuradísimos en unas camionetas con luces y ruido, mucho ruido. Se quedan un rato con el muerto y después de ahí, lo cargan en la camioneta, ya sin las luces y el ruido y  se van a lugares grandes, apagados, con gente de traje. De repente traen al muerto en un cajón de madera. Se quedan mirando, como vigilando que no se le ocurra salir. Le hablan, lo miran. Y en determinado momento, lo tapan. Pero ahí no termina. De ahí van a un campo al aire libre y tiran el cajón a un pozo. ¡Y ahí viene lo peor! ¡Ahí viene la razón de mi pánico! ¡El muerto se queda ahí adentro! ¡Lo tapan con tierra! ¡Y ni se quejan!

Encima los familiares (que ya dije que eran muy sádicos) vuelven de vez en cuando al lugar para verificar que no se hayan ido. ¡No se levantan mas! ¿Entienden?


Realmente tengo mucho miedo de salir a pasear y meterme sin querer en ese pasaje. Pasan cosas raras en la ciudad.

miércoles, 16 de julio de 2014

Mascherano, mi tío y mi viejo.

No puedo evitar remitirme, al escuchar las sentencias que se pronuncian sobre el coraje de mascherano o como modernamente se denominan, “maschefacts”,  a ciertos juegos de debate de la infancia donde la naturaleza, profesión o cualidades de nuestros parientes cercanos, directos y queridos, eran la medida de lo que nosotros, infantes ávidos de pertenencia y aceptación, éramos dentro de nuestro grupo de amigos o compañeros.

En esos primeros años, desconociendo conceptos como liderazgo nato, carisma o personalidad, la importancia de uno, el lugar en el grupo e incluso la condición de persona podía dirimirse mediante una disputa que voy a bautizar como “…y mi papá es”.

Los puntos suspensivos al inicio del título de la competencia no son casuales. Están ahí porque la contienda da inicio ante la afrenta de uno de los participantes, que puesto en desventaja por alguna afirmación de otro participante (“Yo tengo la pistola del family game”) busca urgido destacar un hecho que si bien no es propio, es de un familiar cercano. Una afirmación que diga “Acá estoy yo y esta persona que te nombro, tiene este poder”

Era premisa fundamental comenzar apostando bajito, con cosas ciertas, conocidas y que den lugar a un contragolpe. Contrario a juegos como el Poker o el Truco, donde buscando un bleff o ganar la primera mano el jugador puede realizar una apuesta fuerte de entrada, acá es fundamental, como un cachetazo suave y desafiante, darle lugar al contrincante para responder. Una buena manera sería por ejemplo retrucar “Y mi tío tiene un revolver de verdad”. La discusión irá subiendo de tonos, logros, parientes y verosimilitud hasta que un factor externo dictamine el final, como puede ser una campana de recreo, o una madre gritando “A merendar” desde el balcón de un sexto piso. Lo importante será el mensaje que se dejó durante esa batalla dialéctica: Dejar en claro que si es a inventar, uno tiene más y mejores parientes, amigos y/o conocidos lo cual, por una ley tácita del Universo lo convierte a uno en más popular.

En busca de esa notoriedad social que acompaña a privilegiadas personas en un lugar concreto (por privilegiada me refiero al “más popular” y por lugar concreto me refiero simplemente al barrio o la escuela primaria) convertí a mi viejo en compañero de Rambo, profesor de álgebra en El Cairo o agente secreto de Kaos, a mi tío en campeón mundial de bádminton, a mi vieja en la inventora del grabador con tres casseteras y a un primo lejano en jugador de primera (dentro de mi grupo de pertenencia no era necesario aclararlo: Un jugador de primera era, por supuesto, un jugador de fútbol)

¿En que momento ese recuerdo se encuentra con el presente? Escuchar cosas como “Mascherano encontró al unicornio azul, y de paso, trajo otro verde” más allá de la risa inicial,  me lleva a esos momentos.

Uno sabía y tenía bien en claro hasta donde llegaban las verdades y donde empezaban las mentiras. Cualquier afirmación no resistía al menor de los análisis y las palabras de esos niños se las llevaba el viento, el mismo que quizás hoy modernizado y disfrazado de nuevo artículo web, patota de bytes o cadena de Whatsapp, se llevará al baúl del olvido a los “maschefacts”.

El día siguiente volvería la mancha pared en el patio, el partido a 12 goles en la cancha del barrio y cada pariente tendría que volver también a sus verdaderas ocupaciones. Los maschefacts darán lugar a algún otro viral que puede llegar a provenir de cualquier lugar del universo que nos rodea y don Javier volverá a Barcelona, a calzarse la ropa de entrenamiento.

Pero lo que quiero rescatar, lo que me queda en estas horas posteriores a la derrota de la selección en la final del mundial a manos de la moderna versión de la Luftwaffe es la ilusión del juego, es la vuelta al niño interior, el que hacía un pleno uso de su imaginación y por un minuto soñaba con el primo agente de la CIA, con el vecino que conoció a John Lennon en persona o con ese humilde número cinco santafesino al que le queda merengue en las dos tapitas de las merengadas.

Es que Mascherano, mi tío y mi viejo eran, son y serán siempre personas comunes.

Ninguno va a ser capaz de “Romper un Nokia 1100” ni “rechazar la oferta de Vito Corleone” o “saber quien se tomó todo el vino”.

Pero van a lograr que, por un momento, yo crea que sí. Que si se puede.


lunes, 14 de julio de 2014

Algunas pistas III

-¡Tengo una adivinanza!
-A ver...
-Es inteligente, sagaz, elocuente, brillante y divertido.
-¡Brad Pitt!
-¡No!
-Eh... Eh... Eh... ¡Silvio Soldán!
-¡No!
-Me doy por vencido.
-¿Tan rápido?
-Y... si querés la seguimos, pero vamos a perder la audiencia.
-Ok, te la digo entonces: Es verdad, era mentira
-¿Que cosa?
-La respuesta
-¿Brad Pitt o Silvio Soldan?
-No, la respuesta es es verdad era mentira.
-No entiendo nada.
-Yo tampoco.
-¡Marcelo Bonelli!



Ya esta llegando.

Es verdad, era mentira.