sábado, 9 de septiembre de 2017
Aleluya
Cayó ya la noche, hace rato. Camino y camino entre la gente. Cantan. Los otros, yo no. Yo camino. Miro. A un lado, al otro, el paisaje es casi igual. Hay conocidos. Amigos, vecinos, familiares. Hay algún que otro problema. Pero por ahora, nada grave. Yo sigo caminando. Pronto, todos se detienen. Noto por primera vez el bullicio. Noto cuatro, quizás cinco personas. Hay una pelea unos metros delante. Veo algo de fuego y gente luchando. Algunos palos de madera. Veo gente de azul. Aconsejo a alguien, pero no fui muy tomado en cuenta. Alguien me pregunta si traje abrigo. No tengo casi tiempo de responder. El camión de la muerte aparece súbitamente por la avenida. Pánico. Huida despavorida. Algunos golpean puertas, persianas. Otros gritan. En la esquina ya hay gente en el piso. La gente de azul está por todos lados. Doblo la esquina y oigo unas explosiones. Disparos. Esquivo un grupo de gente y no miro atrás. Ya no camino. Corro, corro… corro.
Este cuento forma parte del libro "Es verdad, era mentira" publicado en Diciembre de 2016 por Ed. Dunken
.-
lunes, 28 de agosto de 2017
Santa Maria
¿Cual es la medida para saber si uno está viejo? ¿El color (o la existencia) del pelo? ¿Los dolores post cualquier cosa que uno hace? ¿La aparición de nuevos personajes con mayores bríos y gracia? A mi me gusta pensar el paso del tiempo como la distancia que lo separa a uno de los recuerdos. En este punto creo que mi memoria es más bien del tipo vaga y guarda las cosas frescas más a mano y las demás se van corriendo cada vez más lejos. Como un colectivo. Sube el nuevo recuerdo y el administrador grita cual chofer “¡Para atrás que hay lugar!” y todos los demás recuerdos van buscando un lugarcito para acomodarse para el resto del viaje. Claramente hay un tema con la caída de los recuerdos, los que voluntariamente se bajan y los que son expulsados por el conductor, pero lo dejamos para la próxima.
Entonces, recapitulando: con esta
teoría lo que pasó la semana pasada es como el supermercado chino
de al lado de casa, lo que pasó hace 4 años está en un barrio
cercano al que se puede llegar caminando durante la primavera y otros
recuerdos quedaron allá lejos, tan lejos que para alcanzarlos es
necesario chequear cuantos kms tenemos acumulados en el programa de
beneficios.
Y así fue que descubrí, mirando
ofertas de viajes (o siendo menos metafóricos, recordando tiempos
pasados) una historia que a medida que se acercaba en mi mente, se
alejaba en el calendario.
Quiero destacar el recuerdo por el ánimo lúdico que lo desborda. 4 niños dando un golpe de estado a sus vidas adultas compiten por el honor en medio de sus obligaciones laborales.
Es un mediodía. Está empezando el
calor, será mediados de Septiembre. Cada viernes un ritual nos lleva
a almorzar en la pizzería “Santamaría” de Chacarita la cual
según nuestro estado de ánimo nos hace referirnos a la misma como
“la meca” en los casos que deseamos alabar el sabor de sus pizzas
y nuestra necesidad imperiosa de rendir culto o “la aceitosa”
cuando la desproporcionada ingesta nos recuerda que somos mortales y
cualquier alimento que flota literalmente en aceite no es tan sano.
Quizás muchos de Ustedes lectores conocerán el lugar del cual les
estoy hablando y o bien asentirán con la cabeza o dirán “Nosotros
le decimos “la grasosa” o “la desintegradora estomacal”.
En ese panorama, se me ocurre una idea.
Realizo unos bosquejos, algunos cálculos y finalmente hago
partícipes, mediante un correo electrónico, a mis compañeros de
almuerzo. La idea es una competencia de ingesta de pizza. Los cuatro,
mediante un estudiado y consensuado sistema de puntuaciones, multas,
consideraciones y períodos de tiempo, competiríamos poniendo en
puntos como sistema de medida, quien comía “mas”. El sistema de
puntos obedece al simple precepto que dice que no es lo mismo comer 6
porciones de muzzarella que 6 porciones de Fugazzetta rellena. No es
lo mismo no tomar bebida alguna para bajar las porciones que bajarlas
a golpe de traquea y saliva. No es lo mismo tampoco, comer de parado
que comer sentado. Y por supuesto, no es lo mismo ingerirlas en 2
horas y media, que hacerlo en un lapso de 25 minutos.
El primer punto de discusion fueron los
valores para cada tipo de las porciones que “Santamaria” ofrece
al corte. Decidimos otorgar los siguientes valores:
Fugazzeta rellena, 4 puntos
Calabresa y Primavera, 3,5 Puntos
Espinaca y Jamón y Morrones, 3 Puntos
Anchoas o Muzzarella, 2 Puntos
Fugazza o Faina, 1,5 Puntos
Bonus por porcion de 0,5 Puntos
Y a continuación, punto que fue muy
discutido, decidimos establecer las penalidades, las cuales fueron
impuestas en una manera un poco dictatorial por quien les escribe:
1er Vaso de Bebida -1 Punto
2do Vaso de Bebida -2 Puntos
Sentarse en mesa -2 Puntos
Sentarse en Taburete -1 Punto
Ir al baño en los sigs 60 min -1
Puntos
Ir al baño en los sigs 120 min -2
Puntos
Mas allá del territorio de Santamaría,
sabíamos de un kiosco sobre la Av. Corrientes, a escasos metros de
la meca, que siempre tenía ofertas (del tipo 2x$1) al cual, carentes
de ingenio, habíamos dado en llamar “el ofertón”. Existiendo
esta posibilidad, agregamos a la regla que los participantes podrían
consumir bebidas compradas en dicho recinto una vez finalizada la
competencia sin recibir sanciones por ello y a la vez, agregamos una
puntuación de 0,5 puntos por cada alfajor que comieramos a modo de
“postre” (En esos dias la oferta era de 4x $2)
Una vez introducida la historia y que
mas o menos les narré las variantes, vamos con las cuestiones
reglamentarias. Cada participante debería llegar al recinto
caminando y retirarse de la misma manera. En un orden no definido,
cada cual haría su pedido, el cual podría ser secreto o público de
acuerdo a la voluntad del participante. De todas maneras el pedido al
ser servido se haría publico pero el secreto al momento de ordenar
conspiraria contra la posible especulacion del siguiente
participante. Esto no fue necesario ya que los 4 pedidos fueron
públicos. Cada participante tenia derecho a un segundo pedido, el
cual seria el definitivo. Para la ingesta de ambos el tiempo
estipulado era de 25 minutos. La totalidad del pedido debía ser
consumida, caso contrario, se procedería a la descalificación del
participante. Es decir, que por ejemplo, de no terminar completa una
porcion de muzzarella (Por ejemplo, dejar un pedazo de queso, o como
se suele observar, parte del “tronquito”) el participante no
pierde los 2 puntos correspondientes a esa porcion, sino que queda
descalificado completamente. Esta medida se aplica a fin de evitar la
especulacion. Es decir, uno tiene que ordenar exactamente lo que va a
comer. Ni un poco mas, ni un poco menos. Otra regla que lleva a la
descalificación es la ingesta de un 3er vaso de bebida. Un juego
para hombres de verdad. No habia excusa de atorarse ni tampoco un
ruego por la cantidad de cebolla. Las estrategias, acorde a la
personalidad de cada uno, se fueron develando. Arrancó Francisco, a
priori el candidato, quien ordenó sin duda alguna, 3 porciones de
Jamon y Morrones, las cuales, de completar su ingesta, le darían
10,5 puntos. El segundo turno fue para Leo, quizás el mas fuerte
competidor. Leonardo sabiendo de la posibilidad de la segunda vuelta,
ordenó “La gran juancito” una combinación bautizada en honor al
3er participante quien siempre arrancaba con la misma. 2 porciones de
Muzza y una de Fugazzetta. 9,5 Puntos para Leo que quedaba expectante
de cara a la segunda ronda. Juan, fiel a su costumbre hizo el mismo
pedido que Leo, igualandolo en el 2do puesto. Mi tactica, siendo
aparte el ultimo en ordenar, se basó en esperar la caida de los
rivales con un comienzo ligero, para acelerar en la segunda vuelta y
esperar descalificaciones y sanciones de puntos en los contrincantes.
1 de fugazza, 1 de muzzarella y 1 faina. 6,5 puntos y a esperar. Las
sanciones, quejas airosas mediante, no tardaron en aparecer. Juan,
Francisco y Leonardo tomaron sendos taburetes para comer. Intentaron
eliminar la sancion por tratarse de un caso mayoritario pero mi
situacion de comensal de pie hizo que su protesta careciera de valor
reglamentario lo que llevó a la quita de 1 punto a cada uno de
ellos. 9,5 Francisco, 8,5 Leo y Juan y 6,5 para quien les escribe.
Las emociones no tardaron en llegar: En un corte de su fugazzetta,
mientras llevaba el pedazo de porción hacia su boca, Leonardo
descubrió un pelo en la pizza. Abundaron las protestas, junto con
las risas y alguna arcada. Luego de una reunion excepcional y en
carácter de emergencia del jurado, dictaminamos que acorde al inciso
3 del punto 8 del reglamento, el pelo debería ser considerado parte
de la porción (como podría serlo un pedazo adicional de provolone
sin gratinar) y como tal, debía ser ingerido para cumplir con los
requisitos, caso contrario, se consideraría descalificado al
participante. Las apelaciones, en nuestro concurso democrático,
fueron oídas y se decidió negociar los términos. Leonardo, previa
quita de 1 punto, podría separar el pelo de la comida, pero debería
ingerir el pedazo que lo contenía. Hecho esto, continuamos con la
competencia y asi finalizamos la primera ronda. El estado tanto de
Francisco como Leonardo era de saciedad. Juan mostraba signos de
poder conseguir algun punto mas y quien les escribe si bien no
llevaba la carga de sus rivales, no poseia la capacidad para mantener
ese ritmo y debia continuar con su estrategia de especulación.
Leonardo comenzó a amagar con una estrategia agresiva, que lo
catapultaría a un éxito seguro. Pero fuimos Juan y yo quienes
abrimos la segunda ronda posicionándonos en un lugar incómodo para
nuestros rivales, principalmente Juan quien con una simple porción
de muzzarella extra, obligó a Francisco y Leonardo a seguir comiendo
para lograr el triunfo. Mi porción extra de muzzarella solamente me
colocaba un poco mas expectante a la espera de alguna caida. Despues
de nuestro pedido, de consumir las porciones las puntuaciones serían:
11 Juan, 9,5 Francisco, 9 yo y 7,5 Leonardo. Francisco apostó a
ganador y salió con todo. Una de fugazzetta y una fainá. 6,5 puntos
extras que obligaban a Leonardo Garbino a consumir 10 puntos,
incluso mas que los de la primera ronda, para arrebatarle el premio.
Osada decision la del paisano Francisco quien una vez tomada la
misma, tuvo que competir principalmente consigo mismo. Leonardo
obviamente ante este cuadro tomó la sabia decision de retirarse de
la competencia y entonces todos los ojos quedaron en Francisco.
Debo admitir que en mis años de
asistir a Santamaría, nunca vi una porción de fainá tan descomunal
como la que le sirvieron ese dia a Fran. Y si bien la fugazzetta es
la estrella del lugar y sus porciones salen constantemente, la que le
sirvieron a nuestro competidor era la ultima, fría y con un notable
excedente de queso muzzarella helada que desalentaba al mas
hambriento y valeroso. Comenzó lentamente la epopeya de Francisco
quien lamentaba no haber pedido una bebida. Bocado tras bocado la
cara del crédito del campo argentino iba transformándose hacia el
asco y la desolación. Las risas y el aliento de sus compañeros lo
empujaban a seguir.
Quedaba solo un cuarto de ambas
porciones cuando Francisco pidió ayuda. Una nueva reunión del
comité decidió que mediante una quita de 2 puntos adicionales,
podría acceder a una bebida. Optó por una Coca-Cola pequeña, cuyo
contenido total volcó en un solo vaso. Una vez bebido y ya contra
reloj, el puntaje de Francisco se acercaba a los 14 puntos, quedando
solamente “El ofertón” y los 120 minutos de espera sanitaria
entre el y su glorioso triunfo. Los últimos bocados fueron
tortuosos, pero “El mentira” como lo llamábamos, logró
finalizar ambas porciones bajo el aplauso de sus competidores y la
mirada incrédula de los demás comensales que atestaban el lugar.
Francisco 14, Juan 11, Yo 9 y Leonardo
7,5 marchan en el camino de vuelta. Todos nos detenemos en el ofertón
a comprar bebidas. Sabiendo de la necesidad de alcanzar al menos a
uno de los candidatos, tomo la oferta de “4 alfajores x $2” y
sacando dos de chocolate y dos de dulce de leche, comienzo a
disfrutarlos en el camino de retorno. Leonardo también compra el
ofertón pero solamente comerá 1 de los 4 alfajores.
Al llegar a la puerta de la oficina,
Francisco mantenía su ventaja, Juan y yo igualabamos el segundo
lugar y Leonardo, candidato en el comienzo, cerraba tristemente la
tabla de posiciones de la contienda. Mientras esperábamos y
vigilábamos unos a otros la cuestión sanitaria, por medio de un
comentario, descubrimos un flagelo que azota a todos los atletas de
alta competencia: El doping. Francisco reconoce en una ronda de
correos haber consumido un alikal una hora antes de la contienda,
aduciendo que en ese momento padecía dolores estomacales y prefería
prevenirse de alguna lesión ante tamaña competencia.
Luego de otra reunión de emergencia
del comité, decidimos aplicar una sanción de 2 puntos por la
ingesta de las sales efervescentes del Alikal y 0,5 puntos por la
pastilla para dolores de cabeza. Como en una película, los últimos
60 minutos de competencia nos encontraba con 11 puntos a los 3
lideres. El papel de Leonardo solamente se limitaba a criticar la
competencia, a llamarla “Una estupidez digna de inmaduros como
Ustedes” y a acusar al comité de “Dictatorial, discriminador y
pendejo”. Fue entonces donde logramos desbaratar una trampa del
hace minutos héroe de la tarde. Por cuestiones de la distribución
gerencial, si bien todos compartimos la oficina, Leonardo, Juan y yo
nos encontramos en un ala diferente a la de Francisco, lo que nos
complicaba el control sobre su actividad.
Para ello dispusimos turnos de llamados
para evitar pasar por alto una excursión furtiva al toilette del
“mentira”. En uno de esos casos, faltando 30 minutos, descubrimos
al mentira saliendo del cuarto de baño, lo que le valió un punto de
penalización que lo relegaba al 3er puesto.
Pasaron los minutos y finalmente el
primer puesto quedó empatado entre el crédito de La Plata, el
pincha Juancito y quien les escribe. Francisco terminó en tercer
lugar por sus reiteradas violaciones al reglamento y Leonardo, entre
protestas, acabó en un triste 4to lugar (que suena mejor que
“último”).
Nunca confesé que en realidad había
comido 5 alfajores en lugar de 4, aunque de decirlo me hubiera
llevado el triunfo. Me pareció que comer asi, hubiera sido gula.
Y eso, mis queridos lectores, es injusto.
miércoles, 22 de marzo de 2017
Día mundial del agua
Como en todo mundial, se enfrentan las aguas de 32 países, las cuales han sido divididas en 8 grupos de 4 aguas cada uno. Las dos primeras aguas de cada grupo, clasifican a la segunda ronda, desde donde las 16 aguas participantes, van eliminándose entre si quedando en competencia la progresión de 8, 4, 2 y finalmente de estas últimas 2 sale el agua World Champion. En la última compulsa el representativo argentino finalizó en la 6ta posición luego de caer con el candidato y otrora campeón mundial Francia (Comandado por su figura, el agua Perrier). El equipo argentino estuvo envuelto en un manto de dudas (un manto impermeable) en cuanto a su conformación, dado que la delantera la componían el agua Pureza Vital y Cimes, cuando todo el mundo sabía que en lugar de Cimes (cuyo pase es del poderoso empresario Forgione) por rendimiento y calidad, debía participar Villa del Sur.
De mas esta aclarar que el mundial del agua se suspende por lluvia, motivo que no permite al arbitro de los cotejos distinguir entre los participantes y las precipitaciones.
Aparte de eso, en el día mundial de "la agua" se realizan muchísimas actividades a nivel global. El ejemplo que mejor refleja todo esto de "la agua" y lo de "global" son las famosas bombuchas.
En el sudeste asiático hace unos años quisieron preparar un festejo a todo trapo, pero se les fue la mano con la grandilocuencia y se les vino la marea encima. "Tsunami" titularon los diarios y las cadenas televisivas. Pero la verdad, tapada por montones y montones de billetes, nos dice que fue un grupo extremista de surfers que se pasaron de rosca con su ambición por las deseadas montañas de agua.
En la República Argentina se realizan todo tipo de actividades: En Valentín Alsina los policías bonaerenses arrojan chicos al riachuelo, en ofrenda a Poseidón, Años atrás cuando las creencias eran más fuertes, los valores mas derechos y la gente era como la gente, se realizaban ofrendas mayores, patrocinadas por el gobierno nacional, arrojando cientos de "ofrendas" al río desde helicópteros. Estos procesos gozaban de altísima aceptación interna y eran celebrados en otras latitudes, como ser en los Estados Unidos, pero inexplicablemente dejaron de practicarse oficialmente y ahora siguen, pero en forma oculta y particular.
Yo particularmente el día mundial del agua dejo una canilla con una gotera, así el agua abandona su prisión metálica y comienza, a través de la red sanitaria perteneciente a mi casa, su largo camino hacia su libertad, el camino que la lleva a encontrarse con millones y millones de partículas de H2O allá, lejos, en el Río de la Plata, donde todas se juntan y liberadas a su voluntad, deleitan con su calma a los espectadores de la costanera. De vez en cuando, un grupito alborotador decide jugarle una broma a algún humano espectador desprevenido y, previo rebote en la costa, lo salpica impregnándole ese olor tan particular que adquieren al acercarse a la civilización.
Las partículas de agua escuchan mucho la canción "Tierra" de la banda "los liendres".
El tema dice algo así como "Tierra, sal de mi carretilla, quiero que me hagas montañitas". Del agua dicen lo mismo que los chinos, que son todos iguales. Esto enoja a las partículas de agua, que ante su calentura, hierven se evaporan y se van al cielo (como nubes). De ahí que la mama gotita le explica a sus hijos gotititas que cuando la abuela gota desaparece, se va al cielo, por evaporación. La diferencia con los humanos es que las gotitas no mienten, están diciendo la verdad.
jueves, 23 de junio de 2016
Plok y Fesk: Estaba poseído
Bitácora
del capitán, día setenta y seis. Plok todavía no encuentra la Lumi
espacial y debido a eso seguimos perdidos en el espacio entre la
nebulosa de Gerk-SWA y Villa Lynch.
-
¡Fesk! ¡Fesk! Un astrolinyera haciendo dedo!
-
¿Te rompiste alguno? ¿Le querés comprar uno?
-
No, no me refiero a eso… ¡Quiere que lo llevemos!
-
Ah... Capitronic, doce grados Este, activen las lanzas laterales y un
ataúd barato...
-
¡No, no lo pises!, podríamos llevarlo
-
¿Te acuerdas que pasó con el último que subimos?
-
Solo lo del botón de autodestrucción...
-
Me niego totalmente a su...perar su posición sin darle asilo a ese
pobre astrolinyera, Capitronic, abra las compuertas y dele mi comida
y mi cama...
-
¡Gracias Fesk, eres puro corazón!
Bitácora
del capitán, día setenta y siete, me encuentro durmiendo en el
puente de mando gracias a que el estúpido de Plok manipuló mi mente
y me hizo firmar unos papeles frente a un escribano de Plutón que me
prohiben echar al espécimen que recogimos.
-
Plok, creo que deberíamos considerar la permanencia del astrolinyera
en la nave...
-
Pero si no molesta a nadie...
-
Pero vos no lo viste flotando en el aire...
-
Estaremos pasando por una zona de gravedad cero...
-
Pero vos no lo viste vomitando litros y litros de sangre...
-
Debe ser el emparedado de glicerina que le prepare...
-
Pero vos no lo viste girar su cabeza enloquecidamente...
-
Debe estar practicando para trabajar de faro naval...
-
Pero vos no lo viste flagelándose con un crucifijo...
-
Debe ser que... ¿era el mío?
-
¿Que cosa?
-
El crucinosecuanto...
-
Y si no sabes que es eso, ¿Por qué me preguntas?
-
No se, vos dijiste…
-
Ah, ni idea, lo vi en una película...
Bitácora
del capitán, día setenta y ocho, nos encontramos con Plok
escondidos en uno de los tantos cuartos de servicio, atemorizados por
la presencia del astrolinyera poseído. Los androides de limpieza están que
trinan, el vago no para de vomitar verde y deshace la cama cada cinco
minutos.
-
Che, ¿Y si vas a ver que pasa?
-
Claaaro, el señorito quiere subir al linyera pero no se anima a ir a
verlo...
-
Es que la ultima vez que fui me dijo "Quieroae morfarerum um
guisitumae"
-
¿Y eso que quiere decir?
-
"Que me venga a ver Fesk" según lo que sé
-
¿Seguro?
-
Y… contratá uno de vida, por las dudas.
Bitácora
del capitán, día setenta y nueve. Me armé de valentía y decidí
salir del cuarto de servicio para enfrentarme a nuestro extraño
pasajero. Cabe aclarar que "valentía" es el nombre de
nuestro nuevo lanzamisiles de dos punto cinco megatones.
-
Allá en la nave, había un vaguito, tiraba fuego, algún vomitito...
-
¡Plok! ¡que susto me diste!
-
¿Pensaste que te iba a abandonar en esta misión tan riesgosa?
-
No, pensé que ibas a enfrentarla tu solo.
-
Es por eso que decidí atarme a ti mediante estas esposas láser.
-
A la cuenta de tres entramos
-
Demasiado tarde, la puerta ya se abrió por el comando de voz.
-
¿Que miran Ustedes dos?
- ¿Nos descubrió? ¡Nos descubrió! ¡Huyamos!
-
Es en vano, ya esta detrás nuestro, flotando en el aire
-
Maldito piso giratorio.
Bitácora
del capitán, dia ochenta. El astrolinyera no para de gritar. No para de
gritar de alegría. Se puso uno de nuestros trajes de comando y no
deja de dar vueltas en el sillón de navegación. De a ratos, cuando
no le gusta algo, nos hace esa voz maligna y levita un poco, pero mas
allá de eso, de ser sus sirvientes y de dirigirnos a plena velocidad
hacia la casa de un tal “Dios”, todo va en orden.
-Argherhguhgjhwufajurjsder
-29
son mejores.
-¡AAAAAAAAAARGH!
-No,
ahora que cuento mejor, tengo 3, me das de mano.
-¡Plok!
¡Plok! ¡Acá, escondido en el tablero!
-Fesk…
¿Qué haces ahí?
-Necesito
tu ayuda, tengo un plan
-¿Un
plan para expulsar al astrolinyera?
-No,
un plan de ahorro para comprar una nave 0Km… ¡Claro que es eso, idiota!
-Yo
no sería tan agresivo de estar encerrado en el tablero…
-¿Vas
a ayudarme a salir o no?
-En
cuanto terminemos nuestra partida… ¡Envido! ¡Truco! ¡Me rindo!
Bitácora
del capitan, dia ochenta y uno. El astrolinyera escuchó nuestros
planes y encerró a Plok aquí dentro conmigo. Plok tuvo la
oportunidad de ingresar un objeto y en lugar de tomar el
desintegrador molecular, agarró el registro de navegación al
confundirlo con su libro de colorear de Ben10.
-¿Cómo
saldremos de aquí Fesk?
-No
tengas dudas que si existe la mínima posibilidad de que yo pueda
huir y dejarte aquí dentro, la voy a aprovechar, asi que no hay
“nosotros” en mi plan de huida.
-Perdón,
confundí la pregunta, era “cuándo” vamos a salir en lugar de “como”. tengo la llave, quiero ir a recambiar los fluidos y esto de jugar a
las escondidas me está cansando… no puede ser que el astrolinyera
todavía no haya encontrado nuestro escondite…
-¡Plok…
creo que te amo!
-¿Y
si no tuviera la llave?
-…
Bitácora
del capitán, día ochenta y dos. Luego de un silencio incómodo
decidimos no volver a tocar el tema. De hecho, decidimos no volver a
tocar nada. Buscamos en la guía galáctica pero no pudimos
encontrar ni asesinos a sueldo, ni fumigadores, ni funcionarios
corruptos que nos ayuden.
-Hay
que encontrar una manera de deshacernos del astrolinyera Plok
-Se
me ocurre una idea…
-¡Dimela
Plok, la podríamos poner en práctica!
-Se
me ocurre que deberíamos… deshacernos del astrolinyera…
-Si…
-Haciendo
de alguna manera…
-Si…
-Que…
-Si…
-El…
-Si
Plok, Si…
-El…
el astrolinyera…
-No
tienes idea, ¿Verdad?
-El
astrolinyera….
-Plok,
no sólo no tienes idea sino que ni siquiera estás escuchando lo que
digo, ¿verdad?
-Abandone…
-Claro,
no tienes idea porque eres un inútil, vago, ignorante, estúpido
-La
nave… el astrolinyera…
-inmundo,
torpe, fatuo…
-¡Ilarié
oh oh oh!
-Incoherente,
incapaz…
-¡Lo
tengo Fesk! ¡Lo tengo! ¡Pondremos canciones de Xuxa hasta que le
explote la cabeza!
Bitácora
del capitán, día ochenta y tres. Pudimos descargar del Arestron las
canciones indicadas y ya equipados con nuestros dispositivos
aislantes de sonido nos disponemos a presionar el botón que
disparará a 4000 decibeles la música por toda la nave.
-¡Plok!
Creo haber sido lo suficientemente claro cuando dije que los
disfraces de paquita no eran necesarios para la misión.
-¿Entonces
por qué llevas minifalda?
-Gusto
personal
-…
-Otra
vez ese maldito silencio incómodo, ¿Verdad?
Bitácora
del capitán, dia ochenta y tres. No tengo nada para escribir,
simplemente me acerqué al libro y comencé a escribir para desviar
un poco la atención y dejar que pasen unos minutos.
-Listo,
Plok, ¡Presiona el botón!
-Hecho,
dispositivo andando
-¡De
acuerdo! ¡Ahora, presiona el botón correcto!
-Perdón.
Ahora si.
-¡De
acuerdo! ¡Ahora, por favor, presiona el botón correcto!
-Ah
si.
-AWARAWRAWGIE
OH OH OH, AWARAWRAWGIE OH OH OH
-Fesk,
parece disfrutarlo.
-Maldita
televisión, los ha hecho inmunes a la tortura.
-Probemos
un tema de Piero.
Bitácora
del capitán, día ochenta y cuatro. A los diecisiete segundos de la
primera canción de Piero, el astrolinyera poseído decidió quitarse la vida.
En cuanto les avisamos a los androides de limpieza que ya no volvería
a vomitar, no tuvieron problemas en limpiar toda la sala y sacar el
cuerpo al espacio, donde las estrellas lo envolvieron en su manto de
luz, dándole reposo eterno.
-Lo
tiraste en un agujero negro Fesk, no mientas.
-Fue
tu idea también.
-No,
yo dije claramente “Tiralo en un agujero, negro” con una coma en
el medio. ¿No ves la coma que escribió el autor? “En un agujero
COMA negro”
-Plok…
¿También tienes las habilidades para leer y manipular la mente de…?
-¿Ese
de arriba? Por supuesto… pero es bastante aburrido, nunca se le
ocurre nada interesante…
-Entonces
si puedes hacerlo… podríamos….
-¡Pero
claro extraterrestre! ¡Lo hubieras dicho antes!
jueves, 16 de junio de 2016
El fuego sagrado
Me reconozco fan a ultranza de los juegos de video futbolísticos. Empiezo con una confesión como si esto fuera un grupo de autoayuda. Hola, mi nombre es Pablo y soy adicto a lo que llamo fútbol electrónico. Y desde esa posición voy a empezar a contar que los personajes de mi condición atravesamos una crisis importante en los inviernos del hemisferio Sur. Porque los nuevos juegos salen generalmente a fines de Septiembre y nos encontramos en una etapa de mezcla entre acostumbramiento y hastío de la versión actual, pero muy lejanos de la nueva. Y es que esperamos ver más jugadores con sus tatuajes, un movimiento más real del césped, protestas airadas ante los fallos polémicos de un referí y festejos de las figuras mundiales cuidadosamente reproducidos. Es cierto, espero (y esperamos, millones de fans alrededor del mundo) una nueva versión. Pero hay algo de estos juegos que nunca espero. Que puedan reproducir fielmente la pasión.
Y lo digo con fundamentos. No voy a comparar la pasión de un juego electrónico con ponerse los cortos, a veces unos botines y patear la pelota en un potrero o con mayores lujos y organizaciones en un torneo. Me refiero a comparar la pasión generada por los juegos. Y lo digo porque pocas veces sentí un juego sobre fútbol tan real como el día que Jorge, un fanático de Racing al extremo y amigo de mi hermano mayor, prendió fuego una figurita de Claudio Alberto Scalise por haber errado un mano a mano.
Lejos de justificar la violencia, me considero defensor del folcrore del fútbol argentino. La picardía bien entendida, el humor negro aplicado a obtener la ventaja deportiva o el saberse apto de llevar a cabo amenazas contra terceros con la seguridad de nunca bajo ninguna circunstancia llevarlas a la realidad, son partes fundamentales de nuestra cultura. Gritarle al arquero rival el nombre de todos sus familiares y los horarios de escuela de sus hijos son parte fundamental de lo que jugar de visitante representa. Algo que nunca podrán emular los juegos de video. El insulto creativo, el escupitajo sustancioso o la mirada enajenada detrás del alambrado hacia el rival que se apresta a ejecutar un tiro de esquina son tan necesarios para el fútbol local como los ingresos por televisación. Pero ya volveremos a eso.
Vuelvo al pasado, con una triste realidad del presente: Hoy en día, al menos en Capital Federal, todo terreno es privado. Entonces hay que procurarse, para jugar al fútbol, el alquiler de una cancha. Con mi hermano cuando chicos, para poder simular nuestro juego de fútbol también hacíamos lo mismo: teníamos que alquilar la mesa del comedor. Claro que no pagábamos nada, pero Había que calcular que no hubiera ningún evento planeado, que no fuera a venir un pariente de visita, que nadie quisiera ver la tele en el living o estudiar para alguna prueba de química. Entonces, una vez asegurado el terreno de juego, procedíamos al armado de lo que llamábamos “Jugar a las figuritas”.
Alto ahí lector. No empiece a divagar sobre la metodología del juego ni trate de compararlo con alguna iniciativa suya de su etapa de purrete: Lo que va a leer a continuación es el secreto mejor guardado desde el sanguche de Atún y manteca. Es la invención más revolucionaria desde el motor de combustión. Voy primero con los objetos inanimados. Arcos plásticos, aproximadamente de 10x5 cm, robados de un antiguo metegol de lata. Balón hecho exclusivamente con el aluminio (que había que separar previamente del papel blanco) del envoltorio de un Guaymallén (el sabor del alfajor determina el color del balón) el cual era artesanal y concienzudamente redondeado y perfeccionado durante la práctica deportiva y dos elementos del tipo “lápiz” o “birome”. Segundo stop para los lectores y primer alivio para el púber reacio a la práctica de la escritura. No eran para escribir, sino que los mismos eran las herramientas de propulsión del balón. Un extremo sólido y plano para los remates secos y el otro en forma de punta, para efectos y/o sorpresivas emboquilladas.
La cosa va tomando color. Dos arquitos, una mesa rectangular de comedor, una pelota de aluminio comprimido (y olorcito a la cobertura del alfajor) y unas armas alargadas y finitas que bien parodiaban las piernas de Valdano para propulsarla. Pero estarían faltando los actores principales, la parte viva del juego: Los jugadores.
Cuenta la leyenda que Mariano, mi hermano mayor, le habría pedido al tío Pedro la confección de 22 “taquitos” de madera que oficiaran de soporte. 20 tacos con un tamaño no intencionalmente dispar con una ranura en su parte superior. Los otros 2 tacos tenían el doble de ancho y estaban destinados para dar soporte a los guardametas. Y encima de ellos, encastradas en las ranuras, las figuritas redondas de algún álbum de principios de los 80. Las mismas habían sido oportunamente arrancadas del álbum al que supieron pertenecer, lo que brindaba calidades y resistencias dispares y eran guardadas agrupadas por equipo armando un rollo macizo dentro de una bolsa.
Una vez elegidos los titulares y seleccionadas las maderitas, a lo largo de toda de la mesa se disponían los equipos con el dibujo táctico de preferencia del DT de turno. Al momento del pitido inicial y desde el círculo central (que ya habíamos marcado y roto en la mesa de madera) se realizaba el saque. La idea era dar pases con el lápiz o birome y la propiedad del balón resultaba del jugador que se encontrara más cercano al balón al momento en que este se detuviera. Dicho jugador debía moverse hasta el lugar del balón y desde allí, realizar el siguiente pase, pelotazo o remate al arco. El equipo que no tenía la pelota solamente podía “mover” un jugador en los turnos del contrario y el mismo era el arquero. Podía perfilarlo de la mejor manera posible para tapar el ángulo de remate rival.
Algunas reglas sin ahondar mucho en los detalles: Si un jugador al realizar un pase o un remate al arco “volteaba” a un contrario, se consideraba infracción y amonestación para el ofensor. Los goles solamente valían pasando la mitad de cancha. Cualquier estrategia que se considerara destinada a “hacer tiempo” era penalizada con tiro libre para el rival. Si el balón se caía de la mesa era lateral, saque de arco o córner, según correspondiera. Y cada toque de pelota con el lápiz era un minuto del partido de 90.
Los partidos generalmente eran los sábados por la mañana, pero a medida que el juego era conocido, se sumaban adeptos que no dudaban en pedir “armar un partido de figus” en cualquier evento, reunión o rato de aburrimiento en el que incurrieran. Claro que todos esos partidos eran considerados de carácter amistoso y nunca formaban parte de la respetable liga que administrábamos con mi hermano.
Y en uno de esos cotejos aprendí para siempre lo que era el fútbol para mí. Y ahora puedo entender por qué se me dibuja una sonrisa cuando el que se sienta dos filas delante mío en la platea se levanta y putea dejando la vida en ello, a un suplente rival que sale del banco a hacer el precalentamiento. Por qué no puedo evitar la piel de pollo cuando 30.000 personas me hacen putear a un pobre tipo al que ponen a impartir justicia entre 22 millonarios y osa equivocarse cobrando al revés un tiro libre. Todos los sábados iba a la cancha con mi viejo y mi hermano, miraba los partidos del fútbol italiano en las mañanas de Canal 9, jugaba al fútbol el 80% del tiempo que estaba despierto y soñaba con goles hermosos y míos noche de por medio. Pero nunca había entendido tan bien lo que es el fútbol para los Argentinos, lo que es la pasión, lo que es el fútbol para mí, hasta una noche de viernes, en el living de mi casa de Tapiales.
Jorge, fanático de Racing, agarró todas las figuritas de los jugadores que supieron defender los colores de su pasión cuando él era un purrete. Del otro lado no puedo precisar el rival, ni tampoco quien oficiaba de DT. Desde un principio empezó con la charla motivacional a los jugadores “Dejen la vida por esta camiseta, como el equipo de José” fueron las palabras que le profirió a las figuritas antes de montarlas en los taquitos. Mientras acomodaba a los jugadores en el campo de juego, empezaron los cantitos de la popular “Han pasado muchos años, muchos jugadores, muchos dirigentes, se llenaron los bolsillos y lo que te queda es tu gloriosa gente… Ay Racing, querido siempre voy a estar contigo…”.Y desde el minuto 1 empezó el relato con pasión. Promediando el primer tiempo la academia se puso en ventaja. Fiesta. Jorgito gritando el gol por el living de casa y nuevamente los cantitos proliferando de la popular. Estallaba el jolgorio repitiendo el éxito de Attaque 77 “Podran pasar mil años y no salir campeón, prefiero ser de Racing y no amargo como vó” Pero la cosa se puso fea. Se vino el empate y antes del final de los 45 iniciales, la academia estaba abajo 1-2. Y ahí empezaron las primeras puteadas. “¡Bottaniz, inútil, anticipá una... una sola te pido por favor!” recibió el central que no llegó a interceptar un pase en profundidad. “¡Barbas! ¡Pelotudo! ¡Los tuyos son los de celeste y blanco!” para el volante central que había regalado un pase. “¡Vivalda, ponete las manos la puta que te parió!” se escuchó ante el tercer gol rival. La cosa se había puesto picante. Los relatos habían desaparecido y los movimientos de Jorgito eran frenéticos. Calderón puso el descuento y activó nuevamente el audio del partido que pasaba por todos los estadíos: Cántico, puteada y relato. Y ahí fue cuando a los 43 del segundo tiempo, un gran pase en diagonal del ropero Díaz lo dejó al bueno de Scalise mano a mano con el arquero rival. Jorgito midió el remate. Sacó levemente la lengua para afinar el cálculo y se decidió por cruzarla arriba, buscando el ángulo derecho. Hundió la punta del lápiz Staedtler bajo la pelota de papel guaymallén con la ilusión de alcanzar el empate. La tiró a la mierda. Lejos, lejísimos del ángulo deseado. Y sin decir nada, en la reacción más genuina y visceral de hincha argentino que he visto, y mientras el rival iba a buscar la pelota por algún rincón recóndito del living, sacó del bolsillo un encendedor BIC, lo acercó a la figurita de Scalise y lo prendió fuego. “Por hijo de puta” fue lo único que dijo.
jueves, 9 de junio de 2016
Cambiemos (Por un mundo PRO)
Almorzaba ayer cuando pleno de estupor observo una noticia (solamente observé porque no tenía acceso al audio de la misma) que proponía vagones exclusivos para mujeres. Y me di cuenta que el retroceso que yo creía que teníamos como sociedad no era tal como lo pensaba. No es un retroceso, sino que es una ampliación de conductas, ideales y soluciones que pasaron de ser patrimonio casi exclusivo de la Capital Federal a ser de todo el país. Y por ese motivo recurrí al archivo, para volver a publicar un artículo que está próximo a cumplir 7 años. Es que hace 7 años, los porteños empezamos a darnos cuenta de que los argentinos buscaban una regresión, la cual para regresar, fue cambiada por un cambio.
En directo desde Julio de 2009, con Ustedes, "Un mundo PRO":
No salga. ¿Está al tanto de las cosas que ocurren? le brindamos una lista de las cosas que le pueden llegar a pasar (entre otras): Debido a las paupérrimas condiciones de los transportes, caminos y la impericia humana, es muy probable que sufra un accidente de tránsito, dado que se estiman 950.000 accidentes anuales y que el 72% de la población ha sufrido accidentes en la vía publica. En caso que no sufriera Usted un accidente, hay grandes probabilidades de ser victima de la inseguridad. Se denuncian 4.000 delitos por semana y se calcula que hay otros 9.000 que no. Y en todo caso, si no es victima de la inseguridad ni de un accidente de tránsito, podría coger la gripe A. Se dice que hay 300.000 casos, se estima que la cifra ascenderá a un 15% de la población. Por lo tanto, quédese adentro. Ponga rejas, compre por Internet, mire la tele, no se comunique con los demás, incluso si le es posible, utilice barbijos dentro de su casa, provéase de una heladera, televisión, horno de microondas y baño en su propia habitación, reduciendo al mínimo incluso el contacto con sus familiares o convivientes. No converse. Cualquiera podría contagiar sus ideas y violar su personalidad. No comparta ideas, podrían robarle las mismas y usufructuar a costa de su inteligencia. Evite la creación, conviértase en un especialista en el arte de la imitación, disfrute de las experiencias ajenas o ficticias que le sean comunicadas a través de los medios. Descarte toda posibilidad de experimentación propia. Los avanzados métodos del desarrollo y la evolución le brindarán sensaciones similares a las que sus antepasados solían experimentar, sin ninguno de todos los riesgos que lo mismo acarrea. Deje sus ojos para la televisión ola Internet , no lea. Nosotros le diremos solamente y con asombrosa precisión, exactamente lo que necesite Usted oír. Solamente distraiga sus agotados ojos por la luz del aparato del televisor viendo en las revistas de actualidad (enviadas por correo desde que Ud. las solicitó por Internet) toda esa gente hermosa que se pasea durante el verano en Punta del Este y en época invernal por Saint Moritz. Disfrute de su belleza, de su integridad, adóptelos como ejemplos a seguir, pero siempre, siempre, tenga bien en claro que eso no es para Usted, que no nació para eso, que simplemente no pertenece. Pórtese bien y nosotros lo recompensaremos con ese programa diario de trivialidades que tanto Usted disfruta. Apoye al campo, personas argentinas de ley, personajes pintorescos que con su hombría, sus costumbres y su moral, alimentan día a día a tan extensa nación. Pórtese bien, sea un buen ciudadano y nosotros le daremos ejecuciones públicas, sonrisas blancas y amplias en las publicidades y sonrientes agentes de policía que cuiden su cuadra. Denuncie. Si ve algo que le parece distinto, denuncie. Señale con el dedo, desde la seguridad de su hogar. ¿Vio que no era necesario salir? Maneje sus cuentas bancarias desde casa, deje los trámites y las colas para esa gente que no sabe de computación o que se divierte hablando con desconocidos. Decídase y sea feliz. Haga valer sus derechos, ganados a fuerza de años de robo, saqueo, usurpación y explotación indebida por parte de sus gloriosos antepasados europeos, tan europeos como Usted. Provea. Proyecte. Proceda. Profane. Prohíba. Propase. Procese.
En directo desde Julio de 2009, con Ustedes, "Un mundo PRO":
No salga. ¿Está al tanto de las cosas que ocurren? le brindamos una lista de las cosas que le pueden llegar a pasar (entre otras): Debido a las paupérrimas condiciones de los transportes, caminos y la impericia humana, es muy probable que sufra un accidente de tránsito, dado que se estiman 950.000 accidentes anuales y que el 72% de la población ha sufrido accidentes en la vía publica. En caso que no sufriera Usted un accidente, hay grandes probabilidades de ser victima de la inseguridad. Se denuncian 4.000 delitos por semana y se calcula que hay otros 9.000 que no. Y en todo caso, si no es victima de la inseguridad ni de un accidente de tránsito, podría coger la gripe A. Se dice que hay 300.000 casos, se estima que la cifra ascenderá a un 15% de la población. Por lo tanto, quédese adentro. Ponga rejas, compre por Internet, mire la tele, no se comunique con los demás, incluso si le es posible, utilice barbijos dentro de su casa, provéase de una heladera, televisión, horno de microondas y baño en su propia habitación, reduciendo al mínimo incluso el contacto con sus familiares o convivientes. No converse. Cualquiera podría contagiar sus ideas y violar su personalidad. No comparta ideas, podrían robarle las mismas y usufructuar a costa de su inteligencia. Evite la creación, conviértase en un especialista en el arte de la imitación, disfrute de las experiencias ajenas o ficticias que le sean comunicadas a través de los medios. Descarte toda posibilidad de experimentación propia. Los avanzados métodos del desarrollo y la evolución le brindarán sensaciones similares a las que sus antepasados solían experimentar, sin ninguno de todos los riesgos que lo mismo acarrea. Deje sus ojos para la televisión o
jueves, 2 de junio de 2016
La libreta celeste
“Faber est suae
quisque fortunae”
Abrir el placard. Esa era la
tarea fundamental número uno. Lo reconocía de esa manera dado que habitualmente
resonaba en mi cabeza el famoso enigma de “¿Qué es fundamental para encender
una vela?”
Haber resuelto ese acertijo de mi
profesor de física en mis inicios del colegio secundario me ayudaba a llevar
siempre presente conmigo, con una dosis importante de orgullo, una cierta
manera de ordenar los eventos. Abrir el placard era sin dudas, lo que daba
inicio al juego. Entonces la emoción no comenzaba con los equipos saliendo a la
cancha, ni mucho menos con el puntapié inicial que Leites, el morochón puntero
derecho del Atlético Lugano, daría para atrás buscando al negro Fernandez, tras
el pitido del árbitro y el pase corto de Oettel. No, el juego, la emoción, la
sensación de imaginar que goles, partidos, situaciones iban a desarrollarse,
empezaba desde el momento en que, pensando en que fecha y/o partido había
dejado la última vez, me dirigía a mi habitación y abría el placard, para sacar
los elementos necesarios para el juego.
Atención purretes y jóvenes que
no se desprenden de la infancia y adolescencia: Los elementos no incluían ni
joysticks, ni consolas, ni DVD’s ni nada con alimentación eléctrica. Simplemente
se remitían a una pila de viejas revistas “Corsa”, una carpeta de tapa dura
atada con un cordón (En realidad eran dos tapas duras unidas con un cordón, no
sé si califica como carpeta) que guardaba pilas y pilas de hojas cuadriculadas
con fixtures y tablas de posiciones y el viejo cubilete de cuero marrón,
revestido de felpa verde con 8 dados. Si, eran 8 dados y cada uno tenía su
función fundamental dentro del desarrollo del juego.
¿Cuál era la función de una
revista sacrílega para los amantes del fútbol? La pila de revistas corsa
oficiaba de campo de juego por su tamaño descomunal y, a la vez, de
silenciador. La misma era depositada con precisión quirúrgica sobre la cama, en
alguna posición que neutralizara los desniveles naturales del colchón, sábana
y/o frazada. Había que lograr la mayor rectitud posible. Sobre la pila se
realizaban los lanzamientos de dados. Pero no era sólo eso. Esa pila de
revistas, que curiosamente era de autos, se transformaba en cualquier cancha de
la argentina. Podía ser un Monumental a pleno en un domingo de sol, como
también podía ser la cancha de Leandro Nicéforo Alem (desde el día que descubrí
que la “N” en L.N. Alem es por Nicéforo, nunca pude dejar de nombrarlo de esa
manera) castigada por la lluvia de un sábado de ascenso. La gente presionaba
desde las tribunas, había canchas donde para el visitante era imposible ganar y
otras donde la policía no podía evitar los disturbios que causaban la
suspensión de los partidos.
El horario dictaminaba la pasión
de los encuentros. La hora de la siesta era algo similar a los actuales
partidos de los lunes: Partidos tranquilos, sin grandes emociones, de mitad de
campeonato, sin mucho lugar a las hazañas ni a los goles locales de último
momento. La presencia de mi vieja durmiendo la siesta en la habitación adjunta
no daba lugar a relatos partidarios, a cánticos subidos de tonos con amenazas
de vejaciones sexuales proferidas desde la parcialidad local hacia la visitante
ni a protestas exacerbadas del cuevero visitante ante una expulsión exagerada
por parte de un árbitro localista. Esos partidos transcurrían con la amabilidad
de un amistoso entre budistas y boy scouts. Pero muy distintos eran los
partidos de los fines de semana, o aquellos que transcurrían después de las
17:30, la hora en la que la puerta de la habitación de la vieja se abría y daba
rienda suelta a esa pasión argentina por el deporte más lindo del mundo tan
celebrada a lo largo y ancho del planeta.
En esos momentos la cosa se ponía
linda. Un tiro en el palo generaba un “GOOOUUUUHHH” que hacía que el lobito se
acercara hasta la puerta de la pieza a ver que carajos pasaba. Un córner a
favor del local desataba el aliento de la parcialidad local que al grito de
“ANTES TE ALENTABA SIN SABER POR QUÉ…” se metía como un duodécimo jugador a buscar
el cabezazo. Y los goles generaban una explosión que implicaba la garganta
desgreñanada del relator corriendo desaforadamente por el pasillo, esquivando
la estufa y la puerta corrediza del comedor para finalizar su festejo abrazando
la cortina del living, como si ésta fuera quien tiró la asistencia tan precisa
que dio lugar al tanto, ante la mirada vigilante y estruendosa del lobito,
quien con sus ladridos emulaba al árbitro botón que con la amarilla en mano
esperaba sancionar al goleador por el festejo desmedido. Ahora pienso, a la
distancia, que hubiera sido digno de grabación (si hubiese sido en esa época
tan sencillo como lo es hoy) grabar alguno de esos festejos tan simples y a la
vez pasionales, hoy en día donde hay tanto bailecito, tanta preparación
orquestada en la megadifusión global.
Y los torneos se sucedían, los
equipos ascendían, descendían, peleaban octogonales, miraban de reojo el
descenso pero lo que nunca desaparecía era la pasión. El negocio, hasta donde
llegó la historia de aquellos torneos, nunca logró inmiscuirse. De esa manera
un Flandría – Colegiales se convertía en nota de tapa del diario que acompañaba
los torneos, aunque los dos flotaran en la mitad de tabla de la C. Y eso es el
principio hacia donde apunta la exageradamente larga introducción.
Y a lo que quiero llegar es al descubrimiento que tuve en todos esos años de juego: Los dados tenían vida
propia. Y manejaban la famosa libreta celeste, donde premiaban al atrevido, al pícaro, al que soñaba con lo imposible por igual que a aquel que jugaba realmente bien,
que tenía el mejor equipo y que mejor había sabido explotar su virtud y
desnudar las falencias rivales a lo largo de los 90 minutos.
Entonces, en esa semana que
Midland, ese equipo que había salido del fondo de la tabla con buen juego y
respeto por el toque corto necesitaba ganarle por 3 goles de visitante a San
Martín, que venía peleando arriba, para poder entrar al octogonal, los dados se
hablaban entre ellos en charlas fugaces dentro del cubilete y salían a la luz
mostrando, con el mayor decoro y disimulo posible, todos la misma cara. Yo
garantizo que donde muchos de Ustedes ven un dado blanco marcando un 5, yo
sabía que en realidad era un dado que tenía que ser un 3, mostrándose como 5 y poniendo la mayor cara
de boludo posible, mirando para la puerta de la pieza y silbando bajito. Gracias a esas actitudes, pero siempre dentro
de un reglamento que no permitía grises ni interpretaciones subjetivas, Midland
cumplía la hazaña y ganaba 3 a
0 o quizás 4 a
1. El relator contaba la hazaña del equipo de Libertad al borde de las
lágrimas, recordando que a Schonfeld, el rubio delantero del funebrero, lo habían rajado del laburo en la semana. La hinchada de Midland,
esos pocos locos lindos que habían viajado hasta Burzaco, se rehusaba a irse
del estadio. Sabían que en la primera ronda del octogonal jugaban contra
Berazategui, que venía de ser subcampeón y tenía ventaja deportiva, pero no
importaba. Eran felices al menos hasta el próximo sábado. Y los dados inertes
se quedaban ahí mirando, totalmente separados, dispares, como quien disfruta
aún agotados, de un trabajo bien hecho.
Es que alguien tenía que tomar,
alguna vez, la responsabilidad de equilibrar el universo, reconociendo a los
olvidados por la historia, a los que eran héroes en la derrota, a los que en
las fotos de grupo siempre salían tapados por alguien. Y esos eran los dados.
No había forma de explicar desde la lógica o la estadística el comportamiento
de dichos cubos plásticos, esos poliedros de seis caras capaces de aunar sus
esfuerzos para lograr combinaciones impensadas, improbables pero factibles, que
premiaban de manera equitativa y justa a cada equipo de cada torneo, en base a las
anotaciones sobre cada uno que los dados realizaban en su libreta. Y si bien dicen
que cada uno es artífice de su propio destino, Apio Claudio “el ciego”
debería repensar su decir para darle un pequeño lugar, un crédito al ejército
de justicieros blancos, quienes decidían el destino de los torneos casi a gusto
y piacere.
Porque ¿Qué es fundamental para
encender una vela? Que la misma se encuentre apagada. Del mismo modo que es
fundamental creer que hay algo más, que no todo se rige por lógicas,
estadísticas y probabilidades, que existe la voluntad de los objetos y,
principalmente, que la misma utilizará todo su empeño en la búsqueda de la
justicia.
Después de todo, era eso lo que
mantenía vivo al torneo, temporada tras temporada, hoja tras hoja, año tras
año. Porque había partidos aburridos, muchos. Deportivo Armenio volvió a Primera
una vez y empató 7 partidos consecutivos 0 a 0. Y muchas veces los partidos de las
últimas fechas no se jugaban por nada. Pero siempre los dados supieron leer. O
mejor dicho, supieron ver. Vieron y anotaron en su libretita celeste. Y nunca
dejaron abandonado al equipo luchador, al equipo talentoso, al equipo soñador. Por
sobre cualquier reglamento rígido, que nunca quebrantaron, hicieron a su
voluntad.
Y cuando todo terminaba, las
primeras en volver al placard eran las revistas Corsa. Dependiendo el
(des)orden del placard el regreso se tornaba sencillo o desataba una batalla
campal contra todos los objetos que en busca de un poco de movimiento o
simplemente por tendencias conquistadoras, habían osado desplazarse al hueco
dejado por las revistas. Una vez emplazadas las Corsa, arriba se ubicaba la
carpeta con los diarios y torneos adentro. Y finalmente el cubilete, con los 8
dados exhaustos de tanto rodar. Eso si, destapado, para que pudieran disfrutar de un poco de fresquito.
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