martes, 19 de septiembre de 2017

El vendedor I


Era una tarde de sábado. Todas las tareas de orden y limpieza postergadas a lo largo de la semana habían sido realizadas casi con el mismo desdén que desprolijidad. No era algo que me dejara satisfecho pero era una tregua para con esa voz constante que repercutía en mi cabeza diciéndome que no se podía vivir así, que no era sano, que al menos tenía que ordenar un poco las cosas y dejarme de joder. Sonó el timbre. Ese sonido ya no me emocionaba desde el día que supe que ella ya no iba a volver. Cada sábado me había acostumbrado a ver a ese par de señoras que cada tarde reventaban el timbre para solicitarme, portero eléctrico mediante, ropa para regalar. Quizás por mi estado melancólico, celebraba ese ritual de atender y contestar que no como aferrándome a un sitio de pertenencia “El del 2415, el que siempre dice que no”. Ese era yo. En eso al menos me había convertido. Muchas veces me preguntaba a mi mismo sobre la elección del horario, si lo harían todo el día, si ese sería el momento que tenían disponible, si repetían siempre la misma ruta, si en algún momento habían pensado cual era el mejor rango horario para realizarla… todas estas preguntas chocaban contra una respuesta establecida de antemano: Ese horario era el peor posible en cuanto a la predisposición ajena del porteño que duerme la siesta un día sábado, para ayudar a cualquier persona, cualquiera que fuere su demanda. En ese entonces ya había perdido contacto con casi todos mis amigos y mis más osadas expediciones se limitaban a unas compras en el mercado de la esquina. No sonaba ya la música en casa con el estruendo y la alegría que lo hacía tiempo atrás y solamente la pared del living cubierta en su totalidad con libros daba un poco de vida a la casa. Para mi sorpresa, una vez levantado el portero eléctrico, no fue la voz de las mujeres la respuesta, sino un hombre que con voz firme, se presentó como vendedor viajante. Colgué el portero y miré por la mirilla de la puerta. Un señor de traje marrón y corbata al tono aguardaba del otro lado de la reja del frente, con gesto adusto. Tendría 50 años.

Este cuento forma parte del libro "Es verdad, era mentira" publicado en Diciembre de 2016 por Ed. Dunken

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sábado, 9 de septiembre de 2017

Aleluya



Cayó ya la noche, hace rato. Camino y camino entre la gente. Cantan. Los otros, yo no. Yo camino. Miro. A un lado, al otro, el paisaje es casi igual. Hay conocidos. Amigos, vecinos, familiares. Hay algún que otro problema. Pero por ahora, nada grave. Yo sigo caminando. Pronto, todos se detienen. Noto por primera vez el bullicio. Noto cuatro, quizás cinco personas. Hay una pelea unos metros delante. Veo algo de fuego y gente luchando. Algunos palos de madera. Veo gente de azul. Aconsejo a alguien, pero no fui muy tomado en cuenta. Alguien me pregunta si traje abrigo. No tengo casi tiempo de responder. El camión de la muerte aparece súbitamente por la avenida. Pánico. Huida despavorida. Algunos golpean puertas, persianas. Otros gritan. En la esquina ya hay gente en el piso. La gente de azul está por todos lados. Doblo la esquina y oigo unas explosiones. Disparos. Esquivo un grupo de gente y no miro atrás. Ya no camino. Corro, corro… corro.

Este cuento forma parte del libro "Es verdad, era mentira" publicado en Diciembre de 2016 por Ed. Dunken

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lunes, 28 de agosto de 2017

Santa Maria



¿Cual es la medida para saber si uno está viejo? ¿El color (o la existencia) del pelo? ¿Los dolores post cualquier cosa que uno hace? ¿La aparición de nuevos personajes con mayores bríos y gracia? A mi me gusta pensar el paso del tiempo como la distancia que lo separa a uno de los recuerdos. En este punto creo que mi memoria es más bien del tipo vaga y guarda las cosas frescas más a mano y las demás se van corriendo cada vez más lejos. Como un colectivo. Sube el nuevo recuerdo y el administrador grita cual chofer “¡Para atrás que hay lugar!” y todos los demás recuerdos van buscando un lugarcito para acomodarse para el resto del viaje. Claramente hay un tema con la caída de los recuerdos, los que voluntariamente se bajan y los que son expulsados por el conductor, pero lo dejamos para la próxima.

Entonces, recapitulando: con esta teoría lo que pasó la semana pasada es como el supermercado chino de al lado de casa, lo que pasó hace 4 años está en un barrio cercano al que se puede llegar caminando durante la primavera y otros recuerdos quedaron allá lejos, tan lejos que para alcanzarlos es necesario chequear cuantos kms tenemos acumulados en el programa de beneficios.

Y así fue que descubrí, mirando ofertas de viajes (o siendo menos metafóricos, recordando tiempos pasados) una historia que a medida que se acercaba en mi mente, se alejaba en el calendario.

Quiero destacar el recuerdo por el ánimo lúdico que lo desborda. 4 niños dando un golpe de estado a sus vidas adultas compiten por el honor en medio de sus obligaciones laborales.

Es un mediodía. Está empezando el calor, será mediados de Septiembre. Cada viernes un ritual nos lleva a almorzar en la pizzería “Santamaría” de Chacarita la cual según nuestro estado de ánimo nos hace referirnos a la misma como “la meca” en los casos que deseamos alabar el sabor de sus pizzas y nuestra necesidad imperiosa de rendir culto o “la aceitosa” cuando la desproporcionada ingesta nos recuerda que somos mortales y cualquier alimento que flota literalmente en aceite no es tan sano. Quizás muchos de Ustedes lectores conocerán el lugar del cual les estoy hablando y o bien asentirán con la cabeza o dirán “Nosotros le decimos “la grasosa” o “la desintegradora estomacal”.

En ese panorama, se me ocurre una idea. Realizo unos bosquejos, algunos cálculos y finalmente hago partícipes, mediante un correo electrónico, a mis compañeros de almuerzo. La idea es una competencia de ingesta de pizza. Los cuatro, mediante un estudiado y consensuado sistema de puntuaciones, multas, consideraciones y períodos de tiempo, competiríamos poniendo en puntos como sistema de medida, quien comía “mas”. El sistema de puntos obedece al simple precepto que dice que no es lo mismo comer 6 porciones de muzzarella que 6 porciones de Fugazzetta rellena. No es lo mismo no tomar bebida alguna para bajar las porciones que bajarlas a golpe de traquea y saliva. No es lo mismo tampoco, comer de parado que comer sentado. Y por supuesto, no es lo mismo ingerirlas en 2 horas y media, que hacerlo en un lapso de 25 minutos.

El primer punto de discusion fueron los valores para cada tipo de las porciones que “Santamaria” ofrece al corte. Decidimos otorgar los siguientes valores:

Fugazzeta rellena, 4 puntos
Calabresa y Primavera, 3,5 Puntos
Espinaca y Jamón y Morrones, 3 Puntos
Anchoas o Muzzarella, 2 Puntos
Fugazza o Faina, 1,5 Puntos
Bonus por porcion de 0,5 Puntos

Y a continuación, punto que fue muy discutido, decidimos establecer las penalidades, las cuales fueron impuestas en una manera un poco dictatorial por quien les escribe:

1er Vaso de Bebida -1 Punto
2do Vaso de Bebida -2 Puntos
Sentarse en mesa -2 Puntos
Sentarse en Taburete -1 Punto
Ir al baño en los sigs 60 min -1 Puntos
Ir al baño en los sigs 120 min -2 Puntos

Mas allá del territorio de Santamaría, sabíamos de un kiosco sobre la Av. Corrientes, a escasos metros de la meca, que siempre tenía ofertas (del tipo 2x$1) al cual, carentes de ingenio, habíamos dado en llamar “el ofertón”. Existiendo esta posibilidad, agregamos a la regla que los participantes podrían consumir bebidas compradas en dicho recinto una vez finalizada la competencia sin recibir sanciones por ello y a la vez, agregamos una puntuación de 0,5 puntos por cada alfajor que comieramos a modo de “postre” (En esos dias la oferta era de 4x $2)

Una vez introducida la historia y que mas o menos les narré las variantes, vamos con las cuestiones reglamentarias. Cada participante debería llegar al recinto caminando y retirarse de la misma manera. En un orden no definido, cada cual haría su pedido, el cual podría ser secreto o público de acuerdo a la voluntad del participante. De todas maneras el pedido al ser servido se haría publico pero el secreto al momento de ordenar conspiraria contra la posible especulacion del siguiente participante. Esto no fue necesario ya que los 4 pedidos fueron públicos. Cada participante tenia derecho a un segundo pedido, el cual seria el definitivo. Para la ingesta de ambos el tiempo estipulado era de 25 minutos. La totalidad del pedido debía ser consumida, caso contrario, se procedería a la descalificación del participante. Es decir, que por ejemplo, de no terminar completa una porcion de muzzarella (Por ejemplo, dejar un pedazo de queso, o como se suele observar, parte del “tronquito”) el participante no pierde los 2 puntos correspondientes a esa porcion, sino que queda descalificado completamente. Esta medida se aplica a fin de evitar la especulacion. Es decir, uno tiene que ordenar exactamente lo que va a comer. Ni un poco mas, ni un poco menos. Otra regla que lleva a la descalificación es la ingesta de un 3er vaso de bebida. Un juego para hombres de verdad. No habia excusa de atorarse ni tampoco un ruego por la cantidad de cebolla. Las estrategias, acorde a la personalidad de cada uno, se fueron develando. Arrancó Francisco, a priori el candidato, quien ordenó sin duda alguna, 3 porciones de Jamon y Morrones, las cuales, de completar su ingesta, le darían 10,5 puntos. El segundo turno fue para Leo, quizás el mas fuerte competidor. Leonardo sabiendo de la posibilidad de la segunda vuelta, ordenó “La gran juancito” una combinación bautizada en honor al 3er participante quien siempre arrancaba con la misma. 2 porciones de Muzza y una de Fugazzetta. 9,5 Puntos para Leo que quedaba expectante de cara a la segunda ronda. Juan, fiel a su costumbre hizo el mismo pedido que Leo, igualandolo en el 2do puesto. Mi tactica, siendo aparte el ultimo en ordenar, se basó en esperar la caida de los rivales con un comienzo ligero, para acelerar en la segunda vuelta y esperar descalificaciones y sanciones de puntos en los contrincantes. 1 de fugazza, 1 de muzzarella y 1 faina. 6,5 puntos y a esperar. Las sanciones, quejas airosas mediante, no tardaron en aparecer. Juan, Francisco y Leonardo tomaron sendos taburetes para comer. Intentaron eliminar la sancion por tratarse de un caso mayoritario pero mi situacion de comensal de pie hizo que su protesta careciera de valor reglamentario lo que llevó a la quita de 1 punto a cada uno de ellos. 9,5 Francisco, 8,5 Leo y Juan y 6,5 para quien les escribe. Las emociones no tardaron en llegar: En un corte de su fugazzetta, mientras llevaba el pedazo de porción hacia su boca, Leonardo descubrió un pelo en la pizza. Abundaron las protestas, junto con las risas y alguna arcada. Luego de una reunion excepcional y en carácter de emergencia del jurado, dictaminamos que acorde al inciso 3 del punto 8 del reglamento, el pelo debería ser considerado parte de la porción (como podría serlo un pedazo adicional de provolone sin gratinar) y como tal, debía ser ingerido para cumplir con los requisitos, caso contrario, se consideraría descalificado al participante. Las apelaciones, en nuestro concurso democrático, fueron oídas y se decidió negociar los términos. Leonardo, previa quita de 1 punto, podría separar el pelo de la comida, pero debería ingerir el pedazo que lo contenía. Hecho esto, continuamos con la competencia y asi finalizamos la primera ronda. El estado tanto de Francisco como Leonardo era de saciedad. Juan mostraba signos de poder conseguir algun punto mas y quien les escribe si bien no llevaba la carga de sus rivales, no poseia la capacidad para mantener ese ritmo y debia continuar con su estrategia de especulación. Leonardo comenzó a amagar con una estrategia agresiva, que lo catapultaría a un éxito seguro. Pero fuimos Juan y yo quienes abrimos la segunda ronda posicionándonos en un lugar incómodo para nuestros rivales, principalmente Juan quien con una simple porción de muzzarella extra, obligó a Francisco y Leonardo a seguir comiendo para lograr el triunfo. Mi porción extra de muzzarella solamente me colocaba un poco mas expectante a la espera de alguna caida. Despues de nuestro pedido, de consumir las porciones las puntuaciones serían: 11 Juan, 9,5 Francisco, 9 yo y 7,5 Leonardo. Francisco apostó a ganador y salió con todo. Una de fugazzetta y una fainá. 6,5 puntos extras que obligaban a Leonardo Garbino a consumir 10 puntos, incluso mas que los de la primera ronda, para arrebatarle el premio. Osada decision la del paisano Francisco quien una vez tomada la misma, tuvo que competir principalmente consigo mismo. Leonardo obviamente ante este cuadro tomó la sabia decision de retirarse de la competencia y entonces todos los ojos quedaron en Francisco.
Debo admitir que en mis años de asistir a Santamaría, nunca vi una porción de fainá tan descomunal como la que le sirvieron ese dia a Fran. Y si bien la fugazzetta es la estrella del lugar y sus porciones salen constantemente, la que le sirvieron a nuestro competidor era la ultima, fría y con un notable excedente de queso muzzarella helada que desalentaba al mas hambriento y valeroso. Comenzó lentamente la epopeya de Francisco quien lamentaba no haber pedido una bebida. Bocado tras bocado la cara del crédito del campo argentino iba transformándose hacia el asco y la desolación. Las risas y el aliento de sus compañeros lo empujaban a seguir.

Quedaba solo un cuarto de ambas porciones cuando Francisco pidió ayuda. Una nueva reunión del comité decidió que mediante una quita de 2 puntos adicionales, podría acceder a una bebida. Optó por una Coca-Cola pequeña, cuyo contenido total volcó en un solo vaso. Una vez bebido y ya contra reloj, el puntaje de Francisco se acercaba a los 14 puntos, quedando solamente “El ofertón” y los 120 minutos de espera sanitaria entre el y su glorioso triunfo. Los últimos bocados fueron tortuosos, pero “El mentira” como lo llamábamos, logró finalizar ambas porciones bajo el aplauso de sus competidores y la mirada incrédula de los demás comensales que atestaban el lugar.

Francisco 14, Juan 11, Yo 9 y Leonardo 7,5 marchan en el camino de vuelta. Todos nos detenemos en el ofertón a comprar bebidas. Sabiendo de la necesidad de alcanzar al menos a uno de los candidatos, tomo la oferta de “4 alfajores x $2” y sacando dos de chocolate y dos de dulce de leche, comienzo a disfrutarlos en el camino de retorno. Leonardo también compra el ofertón pero solamente comerá 1 de los 4 alfajores.

Al llegar a la puerta de la oficina, Francisco mantenía su ventaja, Juan y yo igualabamos el segundo lugar y Leonardo, candidato en el comienzo, cerraba tristemente la tabla de posiciones de la contienda. Mientras esperábamos y vigilábamos unos a otros la cuestión sanitaria, por medio de un comentario, descubrimos un flagelo que azota a todos los atletas de alta competencia: El doping. Francisco reconoce en una ronda de correos haber consumido un alikal una hora antes de la contienda, aduciendo que en ese momento padecía dolores estomacales y prefería prevenirse de alguna lesión ante tamaña competencia.

Luego de otra reunión de emergencia del comité, decidimos aplicar una sanción de 2 puntos por la ingesta de las sales efervescentes del Alikal y 0,5 puntos por la pastilla para dolores de cabeza. Como en una película, los últimos 60 minutos de competencia nos encontraba con 11 puntos a los 3 lideres. El papel de Leonardo solamente se limitaba a criticar la competencia, a llamarla “Una estupidez digna de inmaduros como Ustedes” y a acusar al comité de “Dictatorial, discriminador y pendejo”. Fue entonces donde logramos desbaratar una trampa del hace minutos héroe de la tarde. Por cuestiones de la distribución gerencial, si bien todos compartimos la oficina, Leonardo, Juan y yo nos encontramos en un ala diferente a la de Francisco, lo que nos complicaba el control sobre su actividad.

Para ello dispusimos turnos de llamados para evitar pasar por alto una excursión furtiva al toilette del “mentira”. En uno de esos casos, faltando 30 minutos, descubrimos al mentira saliendo del cuarto de baño, lo que le valió un punto de penalización que lo relegaba al 3er puesto.

Pasaron los minutos y finalmente el primer puesto quedó empatado entre el crédito de La Plata, el pincha Juancito y quien les escribe. Francisco terminó en tercer lugar por sus reiteradas violaciones al reglamento y Leonardo, entre protestas, acabó en un triste 4to lugar (que suena mejor que “último”).

Nunca confesé que en realidad había comido 5 alfajores en lugar de 4, aunque de decirlo me hubiera llevado el triunfo. Me pareció que comer asi, hubiera sido gula.

Al final del día ninguno triunfa, no hay premio y probablemente pierden por igual salud y dinero. Pero ganan un tremendo recuerdo. Uno que ya anda por los 400 y tantos kilómetros en mi cabeza y me hace notar que por lo insalubre que me parece la pizza, por lo lejos que queda Santamaría de la oficina o por lo estúpido de nuestras costumbres, que estoy viejo.

Y eso, mis queridos lectores, es injusto.

martes, 25 de abril de 2017

Maradona nos hizo creer

Permintanmé una pequeña trampa. Bah, en realidad dos: La primera es acentuar las palabras como mejor se me cante para que el lector pueda leerlo (valga la redundancia) con la misma entonación que yo se lo relataría verbalmente. La segunda es la de omitir todos los nombres propios a excepción de Maradona, como observarán en el título.

Imaginemos juntos. El escenario es conocido, es el planeta que habitamos. No espere muchas cosas mágicas (aunque algunas parezcan serlo). Simplemente haga un breve repaso por las realidades socioeconómicas del capitalismo. Países poderosos (llamados "primer mundo") potencias económicas que dominan lo que pasa y lo que no y un puñado (demasiado grande) de países que (sobre)viven de acuerdo a voluntades ajenas. Ya tenemos el marco principal.

Ahora nos vamos a centrar en la historia de uno de esos países pobres que pugnan por atravesar el día, en un escenario de constantes luchas sociales de pobres versus pobres donde una injusta división de las riquezas premia a un mínimo porcentaje de habitantes que, serviles a los poderes extranjeros de los países primermundistas, obedecen y explotan a la población en pos de beneficios ajenos. Ya definimos un subgrupo en la historia. Usted ya se empieza a sentir identificado.

Este cuarto párrafo es para dilucidar el punto de conflicto de nuestra historia: Imaginemos que todos estos países tengan una actividad en común, no sé... pongámosle un nombre de fantasía, se me ocurre algo así como "piepelota". Pensémoslo como una actividad física que incluye patear una pelota, que se practica en grupo y que realmente despierta pasión en la mayoría de las poblaciones. Siempre va a haber unos cuantos que miren con recelo y elijan quedarse afuera, pero son los menos. Imaginemos que en todos los países, la mayoría de sus habitantes practica este juego (o deporte, como prefiera) que se llama "piepelota".

Comienzan entonces las organizaciones. En todos los países alrededor del mundo la gente se empieza a juntar, encuentra otras personas que comparten su afición y se les ocurre medirse unos contra otros para ver qué conjunto de personas desarrolla de forma más efectiva esa actividad. Crean entonces reglas, herramientas de medición de performance y con el tiempo, éstas se vuelven globales. Esas reglas serían como los derechos humanos, para que el lector lo entienda. Sin importar nacionalidad, edad, género, raza, lo que fuere, las reglas son iguales para todos los habitantes del mundo.

Las competencias comienzan a crecer: Locales, regionales, nacionales, continentales, mundiales. En poco tiempo se crean federaciones y los habitantes de cada país deciden unirse tras su bandera y competir contra los mejores de los demás países. Ya dejan de tener nombres propios como su barrio, su ciudad o el nombre del club donde se juntan a practicarlo. Pasan a llevar los nombres de sus países.

Prontamente alguien entiende que todo esto podría generar un negocio monstruoso: Incluye publicidades, arreglos de televisación, franquicias, merchandising. Se genera un aparato gigantesco que moviliza millones a lo largo del mundo. La distribución sigue siendo la misma: Los países poderosos se reparten el 90% de la torta, dejando para los demás las migajas.

En los países poderosos, todo funciona a la perfección: Todos los equipos de su territorio son auto sustentables, los estadios cuentan con las medidas de seguridad correspondientes, los acuerdos de televisación son sustanciosos y los ingresos generados por las figuras de su combinado nacional se destinan exclusivamente en gestiones orientadas a potenciar el rendimiento de dicha selección.

En los países tercermundistas, todo se hace a pulmón. Los equipos de sus territorios dependen casi exclusivamente de las dádivas del ámbito empresarial: No son auto sustentables, padecen el flagelo de las combustiones sociales causadas por la opresión y sobreviven ofreciendo de tanto en tanto a modo de sacrificio a los dioses, un jóven talento a los equipos de los países poderosos. Los ingresos generados por estos, cuando se juntan para representar a su país de origen, mínimamente alcanza para emparchar huecos, subsidiar equipos mal administrados y compensar falencias sociales.

La lucha se hace despareja, injusta. Los poderosos tienen mejores instalaciones, tienen los mejores seleccionadores, entrenadores y directores técnicos, cuyos salarios superan el presupuesto de una década de todo un país tercermundista. Ellos se arreglan con lo que tienen dentro de su ámbito, con tecnología descartada del primer mundo y con copias desactualizadas de sistemas utilizados hace años atrás por las potencias mundiales.

Los habitantes de los países pobres, se acostumbran a esa realidad: Aplauden el esfuerzo, valoran una representación digna de sus muchachos y no dudan en elogiar los mecanismos y resultados de los poderosos. Idolatran especialmente a sus compatriotas que logran emigrar hacia las potencias y día a día compiten de igual a igual con ellos. De hecho, gracias a varios de ellos algunos clubes locales lograron terminar el estadio o construir una pileta de natación.

Pero un día se nos aparece un morochito rebelde, con rulos y una actitud altanera que cambia la escena. Hagamos el ejercicio conjunto de bautizarlo: Década del 60, país pobre sudamericano, afueras de la capital, vamos con la costumbre local de nombrarlo en honor al padre: Se llamará Diego. Hay que ponerle un segundo nombre, puede ser el primero que nos venga a la mente: Ya sé, como lo estamos "armando", ese va a ser el segundo nombre. Armando. Y como apellido, vamos a ponerle uno bien de fantasía, digno de un superhéroe: Maradona.

Maradona de a poco empieza con esta cosa de combatir al poderoso. Los primeros logros son vistos desde cerca por los habitantes de su país ya que con su equipo humilde, el de sus inicios, pone en jaque a los poderosos locales. Pasa el tiempo y la historia se repite, un poco más lejana. Y cada vez que representaba a su conjunto nacional, se empezaban a ver algunas cosas extrañas: Empezaban a parecer. De repente no les parecía tan lejana la idea de ganarles, aunque ocasionalmente, a uno de los poderosos. De pronto se dieron cuenta que era posible y no sólo eso, sino que lo ven ocurrir. Y no lo vieron solamente sus compatriotas, sino que quedó a la vista de todo el mundo. Señoras y señores, ese combinado nacional de un país tercermundista pobre y embebido en conflictos sociales, injusta distribución de sus riquezas y esclavizado por las potencias mundiales, le ha ganado a todas ellas (o quizás, para darle más dramatismo a la historia, a la principal) y se ha consagrado como el mejor combinado del mundo. El morochito enrulado sonríe sobre los hombros de algún compañero, con la copa en la mano.

Fueron años de gloria. Los olvidados de la historia, los que inventaron la birome por no tener los medios para la lujosa escritura de pluma y tinta, los que inventaron el colectivo por no poder tener otra forma de transporte que no fuera masiva, eran los mejores en algo. Y sobretodo, los mejores en algo donde participaban todas las personas del planeta, con sus poderes y sus influencias. No había disparidad económica, social o de poder que pudiera contra ellos.

Unos años después empezamos a reforzar esa idea. En la siguiente oportunidad de medirnos, nuevamente logramos superar a todas las potencias y otra vez nos enfrentamos nosotros, los mejores del mundo contra ellos, los más poderosos. Y si bien el sopapo de realidad fue doloroso, nos grabó la idea: Nos tuvieron que robar ante los ojos de un mundo que hizo la vista gorda, para poder superarnos. Uno de los nuestros, de un país oprimido, nos clavó el puñal por la espalda. Ejemplos en la historia no faltan. No era suficiente con sus presiones económicas, no era suficiente con nuestras penurias sociales. Nosotros éramos los mejores y la única forma de superarnos era robándonos plena y llanamente.

Pero estos muchachos no se quedarían de brazos cruzados. En la tercera edición tendríamos nuestra venganza y volvimos para reclamar lo que nos pertenecía, ya convencidos, por derecho divino. Éramos los mejores y nos correspondía el primer lugar. La competencia arrancó y quedó demostrado de qué estábamos hablando. La revolución proletaria encabezada por ese tal Maradona, el morocho de rulos, estaba dispuesta a poner de rodillas al poderío económico reinante y esta vez no bastaría con un penal para deternerlo. Y vaya que si lo sabían, porque directamente para frenarlo le cortaron las piernas.

Y ahí quedamos desamparados todos sus compatriotas. Desde ese día no nos damos por vencidos y estamos convencidos de ser los mejores del mundo, porque Maradona nos hizo creer. Desde el día que lo vimos enfundado con la camiseta que nos representa a todos, de a poco nos fuimos olvidando el papel que nos dieron en la obra de teatro del capitalismo y pensamos, ilusos, naifs, inocentes, que la alegría también nos podía tocar a nosotros, que podíamos soñar con primeros puestos y que la vida era horizontal, con igualdad de oportunidades para todos. Nos hizo creer que éramos todos iguales, que ahí dentro no había diferencias y que nuestros pecados de latinos subdesarrollados no iban a perseguirnos y castigarnos dentro del verde campo de juego.

De no ser porque todo esto no es otra cosa que la pura realidad, esta historia no sería más que un guión rechazado por Hollywood en el que un ser de otro planeta baja en un barrillete cósmico y libera a una población de la opresión tirana.

Hoy poco a poco las nuevas generaciones van volviendo a la normalidad del escenario capitalista. Se aceptan las limitaciones impuestas desde afuera, empieza nuevamente a proliferar la idolatría sobre aquellos "que triunfan allá" sin morder la mano que les da de comer y nos contentamos con una derrota digna ante los poderosos. Las habitaciones de los niños y sus redes sociales se ven inundadas de pósters e imágenes de las grandes figuras de las grandes ligas. Todos conocen las formaciones de los equipos más poderosos y no dudan de mostrarse hinchas fanáticos de tal o cual conjunto europeo, a punto de no perderse ningún partido por la televisión por cable. La organización nacional del piepelota es caòtica, a punto tal de no encontrar siquiera un seleccionador que se digne a dirigir el combinado nacional. Ya la gente no quiere creer, sino que quiere aceptar. "Tenemos limitaciones", "Es lo que tenemos", "Bastante hacen, con el quilombo que es la administración", “es el reflejo de la sociedad”, "salimos 3 veces subcampeones" es lo que dicen y no puedo evitar putear con muchísimo dolor. El dolor de haber sido y ya no ser. Y putear y maldecir a ese morocho rebelde de rulos nacido en los suburbios de algún país pobre y subdesarrollado que nos hizo creer.



miércoles, 22 de marzo de 2017

Día mundial del agua


Como en todo mundial, se enfrentan las aguas de 32 países, las cuales han sido divididas en 8 grupos de 4 aguas cada uno. Las dos primeras aguas de cada grupo, clasifican a la segunda ronda, desde donde las 16 aguas participantes, van eliminándose entre si quedando en competencia la progresión de 8, 4, 2 y finalmente de estas últimas 2 sale el agua World Champion. En la última compulsa el representativo argentino finalizó en la 6ta posición luego de caer con el candidato y otrora campeón mundial Francia (Comandado por su figura, el agua Perrier). El equipo argentino estuvo envuelto en un manto de dudas (un manto impermeable) en cuanto a su conformación, dado que la delantera la componían el agua Pureza Vital y Cimes, cuando todo el mundo sabía que en lugar de Cimes (cuyo pase es del poderoso empresario Forgione) por rendimiento y calidad, debía participar Villa del Sur.

De mas esta aclarar que el mundial del agua se suspende por lluvia, motivo que no permite al arbitro de los cotejos distinguir entre los participantes y las precipitaciones.

Aparte de eso, en el día mundial de "la agua" se realizan muchísimas actividades a nivel global. El ejemplo que mejor refleja todo esto de "la agua" y lo de "global" son las famosas bombuchas.

En el sudeste asiático hace unos años quisieron preparar un festejo a todo trapo, pero se les fue la mano con la grandilocuencia y se les vino la marea encima. "Tsunami" titularon los diarios y las cadenas televisivas. Pero la verdad, tapada por montones y montones de billetes, nos dice que fue un grupo extremista de surfers que se pasaron de rosca con su ambición por las deseadas montañas de agua.

En la República Argentina se realizan todo tipo de actividades: En Valentín Alsina los policías bonaerenses arrojan chicos al riachuelo, en ofrenda a Poseidón, Años atrás cuando las creencias eran más fuertes, los valores mas derechos y la gente era como la gente, se realizaban ofrendas mayores, patrocinadas por el gobierno nacional, arrojando cientos de "ofrendas" al río desde helicópteros. Estos procesos gozaban de altísima aceptación interna y eran celebrados en otras latitudes, como ser en los Estados Unidos, pero inexplicablemente dejaron de practicarse oficialmente y ahora siguen, pero en forma oculta y particular.

Yo particularmente el día mundial del agua dejo una canilla con una gotera, así el agua abandona su prisión metálica y comienza, a través de la red sanitaria perteneciente a mi casa, su largo camino hacia su libertad, el camino que la lleva a encontrarse con millones y millones de partículas de H2O allá, lejos, en el Río de la Plata, donde todas se juntan y liberadas a su voluntad, deleitan con su calma a los espectadores de la costanera. De vez en cuando, un grupito alborotador decide jugarle una broma a algún humano espectador desprevenido y, previo rebote en la costa, lo salpica impregnándole ese olor tan particular que adquieren al acercarse a la civilización.

Las partículas de agua escuchan mucho la canción "Tierra" de la banda "los liendres".

El tema dice algo así como "Tierra, sal de mi carretilla, quiero que me hagas montañitas". Del agua dicen lo mismo que los chinos, que son todos iguales. Esto enoja a las partículas de agua, que ante su calentura, hierven se evaporan y se van al cielo (como nubes). De ahí que la mama gotita le explica a sus hijos gotititas que cuando la abuela gota desaparece, se va al cielo, por evaporación. La diferencia con los humanos es que las gotitas no mienten, están diciendo la verdad.

jueves, 23 de junio de 2016

Plok y Fesk: Estaba poseído

Bitácora del capitán, día setenta y seis. Plok todavía no encuentra la Lumi espacial y debido a eso seguimos perdidos en el espacio entre la nebulosa de Gerk-SWA y Villa Lynch.

- ¡Fesk! ¡Fesk! Un astrolinyera haciendo dedo!
- ¿Te rompiste alguno? ¿Le querés comprar uno?
- No, no me refiero a eso… ¡Quiere que lo llevemos!
- Ah... Capitronic, doce grados Este, activen las lanzas laterales y un ataúd barato...
- ¡No, no lo pises!, podríamos llevarlo
- ¿Te acuerdas que pasó con el último que subimos?
- Solo lo del botón de autodestrucción...
- Me niego totalmente a su...perar su posición sin darle asilo a ese pobre astrolinyera, Capitronic, abra las compuertas y dele mi comida y mi cama...
- ¡Gracias Fesk, eres puro corazón!

Bitácora del capitán, día setenta y siete, me encuentro durmiendo en el puente de mando gracias a que el estúpido de Plok manipuló mi mente y me hizo firmar unos papeles frente a un escribano de Plutón que me prohiben echar al espécimen que recogimos.

- Plok, creo que deberíamos considerar la permanencia del astrolinyera en la nave...
- Pero si no molesta a nadie...
- Pero vos no lo viste flotando en el aire...
- Estaremos pasando por una zona de gravedad cero...
- Pero vos no lo viste vomitando litros y litros de sangre...
- Debe ser el emparedado de glicerina que le prepare...
- Pero vos no lo viste girar su cabeza enloquecidamente...
- Debe estar practicando para trabajar de faro naval...
- Pero vos no lo viste flagelándose con un crucifijo...
- Debe ser que... ¿era el mío?
- ¿Que cosa?
- El crucinosecuanto...
- Y si no sabes que es eso, ¿Por qué me preguntas?
- No se, vos dijiste…
- Ah, ni idea, lo vi en una película...

Bitácora del capitán, día setenta y ocho, nos encontramos con Plok escondidos en uno de los tantos cuartos de servicio, atemorizados por la presencia del astrolinyera poseído. Los androides de limpieza están que trinan, el vago no para de vomitar verde y deshace la cama cada cinco minutos.

- Che, ¿Y si vas a ver que pasa?
- Claaaro, el señorito quiere subir al linyera pero no se anima a ir a verlo...
- Es que la ultima vez que fui me dijo "Quieroae morfarerum um guisitumae"
- ¿Y eso que quiere decir?
- "Que me venga a ver Fesk" según lo que sé
- ¿Seguro?
- Y… contratá uno de vida, por las dudas.

Bitácora del capitán, día setenta y nueve. Me armé de valentía y decidí salir del cuarto de servicio para enfrentarme a nuestro extraño pasajero. Cabe aclarar que "valentía" es el nombre de nuestro nuevo lanzamisiles de dos punto cinco megatones.

- Allá en la nave, había un vaguito, tiraba fuego, algún vomitito...
- ¡Plok! ¡que susto me diste!
- ¿Pensaste que te iba a abandonar en esta misión tan riesgosa?
- No, pensé que ibas a enfrentarla tu solo.
- Es por eso que decidí atarme a ti mediante estas esposas láser.
- A la cuenta de tres entramos
- Demasiado tarde, la puerta ya se abrió por el comando de voz.
- ¿Que miran Ustedes dos?
- ¿Nos descubrió? ¡Nos descubrió! ¡Huyamos!
- Es en vano, ya esta detrás nuestro, flotando en el aire
- Maldito piso giratorio.

Bitácora del capitán, dia ochenta. El astrolinyera no para de gritar. No para de gritar de alegría. Se puso uno de nuestros trajes de comando y no deja de dar vueltas en el sillón de navegación. De a ratos, cuando no le gusta algo, nos hace esa voz maligna y levita un poco, pero mas allá de eso, de ser sus sirvientes y de dirigirnos a plena velocidad hacia la casa de un tal “Dios”, todo va en orden.

-Argherhguhgjhwufajurjsder
-29 son mejores.
-¡AAAAAAAAAARGH!
-No, ahora que cuento mejor, tengo 3, me das de mano.
-¡Plok! ¡Plok! ¡Acá, escondido en el tablero!
-Fesk… ¿Qué haces ahí?
-Necesito tu ayuda, tengo un plan
-¿Un plan para expulsar al astrolinyera?
-No, un plan de ahorro para comprar una nave 0Km… ¡Claro que es eso, idiota!
-Yo no sería tan agresivo de estar encerrado en el tablero…
-¿Vas a ayudarme a salir o no?
-En cuanto terminemos nuestra partida… ¡Envido! ¡Truco! ¡Me rindo!

Bitácora del capitan, dia ochenta y uno. El astrolinyera escuchó nuestros planes y encerró a Plok aquí dentro conmigo. Plok tuvo la oportunidad de ingresar un objeto y en lugar de tomar el desintegrador molecular, agarró el registro de navegación al confundirlo con su libro de colorear de Ben10.

-¿Cómo saldremos de aquí Fesk?
-No tengas dudas que si existe la mínima posibilidad de que yo pueda huir y dejarte aquí dentro, la voy a aprovechar, asi que no hay “nosotros” en mi plan de huida.
-Perdón, confundí la pregunta, era “cuándo” vamos a salir en lugar de “como”. tengo la llave, quiero ir a recambiar los fluidos y esto de jugar a las escondidas me está cansando… no puede ser que el astrolinyera todavía no haya encontrado nuestro escondite…
-¡Plok… creo que te amo!
-¿Y si no tuviera la llave?
-…

Bitácora del capitán, día ochenta y dos. Luego de un silencio incómodo decidimos no volver a tocar el tema. De hecho, decidimos no volver a tocar nada. Buscamos en la guía galáctica pero no pudimos encontrar ni asesinos a sueldo, ni fumigadores, ni funcionarios corruptos que nos ayuden.

-Hay que encontrar una manera de deshacernos del astrolinyera Plok
-Se me ocurre una idea…
-¡Dimela Plok, la podríamos poner en práctica!
-Se me ocurre que deberíamos… deshacernos del astrolinyera…
-Si…
-Haciendo de alguna manera…
-Si…
-Que…
-Si…
-El…
-Si Plok, Si…
-El… el astrolinyera…
-No tienes idea, ¿Verdad?
-El astrolinyera….
-Plok, no sólo no tienes idea sino que ni siquiera estás escuchando lo que digo, ¿verdad?
-Abandone…
-Claro, no tienes idea porque eres un inútil, vago, ignorante, estúpido
-La nave… el astrolinyera…
-inmundo, torpe, fatuo…
-¡Ilarié oh oh oh!
-Incoherente, incapaz…
-¡Lo tengo Fesk! ¡Lo tengo! ¡Pondremos canciones de Xuxa hasta que le explote la cabeza!

Bitácora del capitán, día ochenta y tres. Pudimos descargar del Arestron las canciones indicadas y ya equipados con nuestros dispositivos aislantes de sonido nos disponemos a presionar el botón que disparará a 4000 decibeles la música por toda la nave.

-¡Plok! Creo haber sido lo suficientemente claro cuando dije que los disfraces de paquita no eran necesarios para la misión.
-¿Entonces por qué llevas minifalda?
-Gusto personal
-…
-Otra vez ese maldito silencio incómodo, ¿Verdad?

Bitácora del capitán, dia ochenta y tres. No tengo nada para escribir, simplemente me acerqué al libro y comencé a escribir para desviar un poco la atención y dejar que pasen unos minutos.

-Listo, Plok, ¡Presiona el botón!
-Hecho, dispositivo andando
-¡De acuerdo! ¡Ahora, presiona el botón correcto!
-Perdón. Ahora si.
-¡De acuerdo! ¡Ahora, por favor, presiona el botón correcto!
-Ah si.
-AWARAWRAWGIE OH OH OH, AWARAWRAWGIE OH OH OH
-Fesk, parece disfrutarlo.
-Maldita televisión, los ha hecho inmunes a la tortura.
-Probemos un tema de Piero.

Bitácora del capitán, día ochenta y cuatro. A los diecisiete segundos de la primera canción de Piero, el astrolinyera poseído decidió quitarse la vida. En cuanto les avisamos a los androides de limpieza que ya no volvería a vomitar, no tuvieron problemas en limpiar toda la sala y sacar el cuerpo al espacio, donde las estrellas lo envolvieron en su manto de luz, dándole reposo eterno.

-Lo tiraste en un agujero negro Fesk, no mientas.
-Fue tu idea también.
-No, yo dije claramente “Tiralo en un agujero, negro” con una coma en el medio. ¿No ves la coma que escribió el autor? “En un agujero COMA negro”
-Plok… ¿También tienes las habilidades para leer y manipular la mente de…?
-¿Ese de arriba? Por supuesto… pero es bastante aburrido, nunca se le ocurre nada interesante…
-Entonces si puedes hacerlo… podríamos….
-¡Pero claro extraterrestre! ¡Lo hubieras dicho antes!

¡No se pierdan las próximas aventuras de nuestros magníficos super héroes super poderosos, bellos, inteligentes y supremos, en Plok y Fesk dominan la galaxia entera, la de al lado y un par mas por las dudas, luego de los comerciales que voy a cobrar y remitir directamente a sus cuentas bancarias junto con mis fondos actuales y los de mi familia!

jueves, 16 de junio de 2016

El fuego sagrado

Me reconozco fan a ultranza de los juegos de video futbolísticos. Empiezo con una confesión como si esto fuera un grupo de autoayuda. Hola, mi nombre es Pablo y soy adicto a lo que llamo fútbol electrónico. Y desde esa posición voy a empezar a contar que los personajes de mi condición atravesamos una crisis importante en los inviernos del hemisferio Sur. Porque los nuevos juegos salen generalmente a fines de Septiembre y nos encontramos en una etapa de mezcla entre acostumbramiento y hastío de la versión actual, pero muy lejanos de la nueva. Y es que esperamos ver más jugadores con sus tatuajes, un movimiento más real del césped, protestas airadas ante los fallos polémicos de un referí y festejos de las figuras mundiales cuidadosamente reproducidos. Es cierto, espero (y esperamos, millones de fans alrededor del mundo) una nueva versión. Pero hay algo de estos juegos que nunca espero. Que puedan reproducir fielmente la pasión.

Y lo digo con fundamentos. No voy a comparar la pasión de un juego electrónico con ponerse los cortos, a veces unos botines y patear la pelota en un potrero o con mayores lujos y organizaciones en un torneo. Me refiero a comparar la pasión generada por los juegos. Y lo digo porque pocas veces sentí un juego sobre fútbol tan real como el día que Jorge, un fanático de Racing al extremo y amigo de mi hermano mayor, prendió fuego una figurita de Claudio Alberto Scalise por haber errado un mano a mano.

Lejos de justificar la violencia, me considero defensor del folcrore del fútbol argentino. La picardía bien entendida, el humor negro aplicado a obtener la ventaja deportiva o el saberse apto de llevar a cabo amenazas contra terceros con la seguridad de nunca bajo ninguna circunstancia llevarlas a la realidad, son partes fundamentales de nuestra cultura. Gritarle al arquero rival el nombre de todos sus familiares y los horarios de escuela de sus hijos son parte fundamental de lo que jugar de visitante representa. Algo que nunca podrán emular los juegos de video. El insulto creativo, el escupitajo sustancioso o la mirada enajenada detrás del alambrado hacia el rival que se apresta a ejecutar un tiro de esquina son tan necesarios para el fútbol local como los ingresos por televisación. Pero ya volveremos a eso.

Vuelvo al pasado, con una triste realidad del presente: Hoy en día, al menos en Capital Federal, todo terreno es privado. Entonces hay que procurarse, para jugar al fútbol, el alquiler de una cancha. Con mi hermano cuando chicos, para poder simular nuestro juego de fútbol también hacíamos lo mismo: teníamos que alquilar la mesa del comedor. Claro que no pagábamos nada, pero Había que calcular que no hubiera ningún evento planeado, que no fuera a venir un pariente de visita, que nadie quisiera ver la tele en el living o estudiar para alguna prueba de química. Entonces, una vez asegurado el terreno de juego, procedíamos al armado de lo que llamábamos “Jugar a las figuritas”.

Alto ahí lector. No empiece a divagar sobre la metodología del juego ni trate de compararlo con alguna iniciativa suya de su etapa de purrete: Lo que va a leer a continuación es el secreto mejor guardado desde el sanguche de Atún y manteca. Es la invención más revolucionaria desde el motor de combustión. Voy primero con los objetos inanimados. Arcos plásticos, aproximadamente de 10x5 cm, robados de un antiguo metegol de lata. Balón hecho exclusivamente con el aluminio (que había que separar previamente del papel blanco) del envoltorio de un Guaymallén (el sabor del alfajor determina el color del balón) el cual era artesanal y concienzudamente redondeado y perfeccionado durante la práctica deportiva y dos elementos del tipo “lápiz” o “birome”. Segundo stop para los lectores y primer alivio para el púber reacio a la práctica de la escritura. No eran para escribir, sino que los mismos eran las herramientas de propulsión del balón. Un extremo sólido y plano para los remates secos y el otro en forma de punta, para efectos y/o sorpresivas emboquilladas.

La cosa va tomando color. Dos arquitos, una mesa rectangular de comedor, una pelota de aluminio comprimido (y olorcito a la cobertura del alfajor) y unas armas alargadas y finitas que bien parodiaban las piernas de Valdano para propulsarla. Pero estarían faltando los actores principales, la parte viva del juego: Los jugadores.

Cuenta la leyenda que Mariano, mi hermano mayor, le habría pedido al tío Pedro la confección de 22 “taquitos” de madera que oficiaran de soporte. 20 tacos con un tamaño no intencionalmente dispar con una ranura en su parte superior. Los otros 2 tacos tenían el doble de ancho y estaban destinados para dar soporte a los guardametas. Y encima de ellos, encastradas en las ranuras, las figuritas redondas de algún álbum de principios de los 80. Las mismas habían sido oportunamente arrancadas del álbum al que supieron pertenecer, lo que brindaba calidades y resistencias dispares y eran guardadas agrupadas por equipo armando un rollo macizo dentro de una bolsa.

Una vez elegidos los titulares y seleccionadas las maderitas, a lo largo de toda de la mesa se disponían los equipos con el dibujo táctico de preferencia del DT de turno. Al momento del pitido inicial y desde el círculo central (que ya habíamos marcado y roto en la mesa de madera) se realizaba el saque. La idea era dar pases con el lápiz o birome y la propiedad del balón resultaba del jugador que se encontrara más cercano al balón al momento en que este se detuviera. Dicho jugador debía moverse hasta el lugar del balón y desde allí, realizar el siguiente pase, pelotazo o remate al arco. El equipo que no tenía la pelota solamente podía “mover” un jugador en los turnos del contrario y el mismo era el arquero. Podía perfilarlo de la mejor manera posible para tapar el ángulo de remate rival.

Algunas reglas sin ahondar mucho en los detalles: Si un jugador al realizar un pase o un remate al arco “volteaba” a un contrario, se consideraba infracción y amonestación para el ofensor. Los goles solamente valían pasando la mitad de cancha. Cualquier estrategia que se considerara destinada a “hacer tiempo” era penalizada con tiro libre para el rival. Si el balón se caía de la mesa era lateral, saque de arco o córner, según correspondiera. Y cada toque de pelota con el lápiz era un minuto del partido de 90.

Los partidos generalmente eran los sábados por la mañana, pero a medida que el juego era conocido, se sumaban adeptos que no dudaban en pedir “armar un partido de figus” en cualquier evento, reunión o rato de aburrimiento en el que incurrieran. Claro que todos esos partidos eran considerados de carácter amistoso y nunca formaban parte de la respetable liga que administrábamos con mi hermano.

Y en uno de esos cotejos aprendí para siempre lo que era el fútbol para mí. Y ahora puedo entender por qué se me dibuja una sonrisa cuando el que se sienta dos filas delante mío en la platea se levanta y putea dejando la vida en ello, a un suplente rival que sale del banco a hacer el precalentamiento. Por qué no puedo evitar la piel de pollo cuando 30.000 personas me hacen putear a un pobre tipo al que ponen a impartir justicia entre 22 millonarios y  osa equivocarse cobrando al revés un tiro libre. Todos los sábados iba a la cancha con mi viejo y mi hermano, miraba los partidos del fútbol italiano en las mañanas de Canal 9, jugaba al fútbol el 80% del tiempo que estaba despierto y soñaba con goles hermosos y míos noche de por medio. Pero nunca había entendido tan bien lo que es el fútbol para los Argentinos, lo que es la pasión, lo que es el fútbol para mí, hasta una noche de viernes, en el living de mi casa de Tapiales.

Jorge, fanático de Racing, agarró todas las figuritas de los jugadores que supieron defender los colores de su pasión cuando él era un purrete. Del otro lado no puedo precisar el rival, ni tampoco quien oficiaba de DT. Desde un principio empezó con la charla motivacional a los jugadores “Dejen la vida por esta camiseta, como el equipo de José” fueron las palabras que le profirió a las figuritas antes de montarlas en los taquitos. Mientras acomodaba a los jugadores en el campo de juego, empezaron los cantitos de la popular “Han pasado muchos años, muchos jugadores, muchos dirigentes, se llenaron los bolsillos y lo que te queda es tu gloriosa gente… Ay Racing, querido siempre voy a estar contigo…”.Y desde el minuto 1 empezó el relato con pasión. Promediando el primer tiempo la academia se puso en ventaja. Fiesta. Jorgito gritando el gol por el living de casa y nuevamente los cantitos proliferando de la popular. Estallaba el jolgorio repitiendo el éxito de Attaque 77 “Podran pasar mil años y no salir campeón, prefiero ser de Racing y no amargo como vó” Pero la cosa se puso fea. Se vino el empate y antes del final de los 45 iniciales, la academia estaba abajo 1-2. Y ahí empezaron las primeras puteadas. “¡Bottaniz, inútil, anticipá una... una sola te pido por favor!” recibió el central que no llegó a interceptar un pase en profundidad. “¡Barbas! ¡Pelotudo! ¡Los tuyos son los de celeste y blanco!” para el volante central que había regalado un pase. “¡Vivalda, ponete las manos la puta que te parió!” se escuchó ante el tercer gol rival. La cosa se había puesto picante. Los relatos habían desaparecido y los movimientos de Jorgito eran frenéticos. Calderón puso el descuento y activó nuevamente el audio del partido que pasaba por todos los estadíos: Cántico, puteada y relato. Y ahí fue cuando a los 43 del segundo tiempo, un gran pase en diagonal del ropero Díaz lo dejó al bueno de Scalise mano a mano con el arquero rival. Jorgito midió el remate. Sacó levemente la lengua para afinar el cálculo y se decidió por cruzarla arriba, buscando el ángulo derecho. Hundió la punta del lápiz Staedtler bajo la pelota de papel guaymallén con la ilusión de alcanzar el empate. La tiró a la mierda. Lejos, lejísimos del ángulo deseado. Y sin decir nada, en la reacción más genuina y visceral de hincha argentino que he visto, y mientras el rival iba a buscar la pelota por algún rincón recóndito del living, sacó del bolsillo un encendedor BIC, lo acercó a la figurita de Scalise y lo prendió fuego. “Por hijo de puta” fue lo único que dijo.